Cap.4: Rechazo.
Ya era miércoles. Me había despertado con mucho ánimo aquel día, me arregle para ir a clases y baje rápidamente a tomar desayuno. Mi madre observaba cada uno de mis movimientos tratando de descifrar alguna reacción.

-Mamá deja de observarme así, me tienes de los nervios.

-No te estoy observando de ninguna forma, solo estoy contemplando lo hermosa que te vez esta mañana por cierto ¿Por qué te has arreglado tanto?- pregunto con emoción en la voz.

-¡Ay mi dios! Pero que pregunta, que no es obvio – hablo mi padre en tono burlón.

Mamá lo miro con enojo y siguió haciendo sus cosas, yo solo podía agradecerle a mi padre por ese gesto. Ambos tenían razón, mamá por preguntar porque mi afán en arreglarme tanto (yo nunca me arreglaba tanto para ir al instituto, solo lo justo) y papá por decir que era obvio. Reía como una tonta en mi interior yo sabía la respuesta, la tenía muy clara, hoy vería a William en el instituto y aquello me emocionaba.

-Adiós.

Me despedí con un beso en la mejilla para cada uno y Salí disparada. Iba retrasada, había quedado el día anterior en encontrarme con Florencia para ir al instituto nos íbamos a juntar en la plazoleta que quedaba de camino a “mi cárcel personal” aunque ahora era mejor que eso. Llegue lo más rápido que pude, pero flo no había llegado asique me senté en una banca a esperar. Faltaban solo diez minutos para las ocho de la mañana cuando por fin apareció.

-Lo siento Let, me retrase con mamá- dijo casi sin aliento.

-No importa, pero mejor vamos luego antes de que sea tarde y el Sr. Miller nos mande a detención.

Caminamos el poco trayecto que nos quedaba a paso normal y conversando de las cosas que nos habían pasado ayer, parecía que todo aquello hubiese ocurrido hace semanas era extraña la situación pero me encantaba ya que al fin tenía amigos de verdad.

-Puedo preguntar algo Let.

-Claro, somos amigas.

-Tú y… pues tú y William ¿son novios?

-¿Qué?-dije riendo aquello era extraño pero me sentí emocionada.

-Que si son novios.

-Pues claro que no, solo somos amigos apenas y nos conocimos ayer, tú lo sabes.

-Bueno sí, pero por la forma en cómo se miraban y reían juntos pues pensé que lo eran o podrían llegar a serlo.

-No, no lo creo… -dije en un susurro- pero de todas formas me cae bien.

-Oye… ¡¿pero no te gusta Stefan no?!

Florencia me miro con una cara de preocupación y vergüenza, eso me hizo comprender que ella le gustaba y por la intensidad de los sentimientos que emanaba le quería mucho, no era un simple capricho. Al menos para ella.

-Mmmm… puede ser ¿Tú qué crees?-dije en tono burlón.

-Basta, no seas así conmigo que casi te la creo.

-Pues claro que no me gusta, es un payaso.

-Sí lo es, pero es un payaso guapo.

Entramos riendo como unas bobas a la sala de historia por suerte el Sr. Miller aun no había llegado asique entramos tranquilas. La mañana transcurrió muy rápido, en todas las clases de aquel dia estaba con Florencia asique andábamos de aquí para allá riendo por cada insignificancia. Cuando por fin llego la hora de almuerzo, Salí disparada a la cafetería lo único que quería era encontrarle, verlo por fin. Entonces mi ilusión se cayó a pedazos.

-Leticia, ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara?

-No ha venido… -dije en un suspiro.

-¡Oh! – dijo flo dándose cuenta de que solo Stefan estaba sentado esperándonos.

-¿Por qué no ha venido? ¡¿Y si le paso algo?!

-Calma Let, tal vez solo está por ahí y vendrá luego a comer.

-Sí, tal vez – dije sin ánimo, yo sabía que él no llegaría estaba segura de eso.

Hicimos la fila para comprar y nos fuimos a sentar al lado de Stefan. El nos sonrió y empezó a juguetear con uno de los rizos de flo cuando esta se sentó a su lado, ella sonreía como una boba y yo solo miraba a la puerta de la cafetería.

-No va a llegar –dijo Stefan cuando se dio cuenta que no probaba bocado.

-¿Por qué? ¿Qué no vino hoy a clases?

-Ni él ni Baltasar, ayer han discutido y William le ha pegado.

-¡¿Qué?! Pero ¿Por qué?

-Calma Leticia no les ha pasado nada malo a ninguno y el motivo de la discusión fuiste Tú.

-¿Cómo? ¿Por qué yo? Yo no le he hecho nada a Baltasar y menos a William.

-Pues te cruzaste en el camino e Baltasar ayer llego furioso pateando todo lo que pillaba a su paso porque tuvo que volverse a pie a casa y peor aun cuando se entero de nuestra huída del instituto.

-¡Oh! Lo siento, pero ¿están bien? Digo ninguno está herido ¿no?

-¡Pues claro que no! No mucho jajaja – río.

Yo solo me preocupe más, todo el resto del día estuve sumida en mis pensamientos y no podía concentrarme en nada más que no fuera William, lo extrañaba demasiado de una manera enfermiza, era tan extraño todo aquello que me odiaba por sentirme de esa forma. Volví a casa muy aprisa para poder llamarle, todo gracias a flo que le pidió el número de teléfono a Stefan.

Subí corriendo como una loca a mi habitación no quería que nadie me interrumpiera y mucho menos que mamá estuviera escuchando. Marque el número y con cada sonido que hacia el teléfono mi corazón mas se aceleraba.

-Hola – dijeron por el otro teléfono, era una voz de mujer, tan dulce y encantadora que te hacia relajarte, supuse que era la Sra. Lazzaretto.

-Hola, buenas tardes disculpe que le moleste pero se encuentra William en casa.

-¿De parte de quien?

-De una compañera del Instituto, soy Leticia.

-¡Oh! Si claro, espera un momento por favor –dijo esa melodiosa voz, con un toque de preocupación.

-Claro.

Pasaron apenas 2 minutos y a mí se me había hecho una eternidad, las manos me sudaban, el estomago me daba vueltas hasta que por fin termino mi tortura o al menos eso pensaba yo.

-Diga – dijo la voz de William demasiado seria.

-¿William? Soy yo, Leticia.

-Lo sé, ¿Qué quieres?

-Pues quería saber cómo estabas, que ha sucedido y si podíamos conversar un momento, la
verdad… yo… es que te he extrañado.

No podía creer que se lo había dicho, era extraño que yo le dijera mis sentimientos a un chico y más aun a uno que apenas conocía, no estaba segura si lo quería como amigo o algo más.

-Sabes, ahora estoy ocupado quizás en otra ocasión, Adiós.

En ese mismo instante me colgó el teléfono y mi corazón se hizo añicos. Me odiaba, le odiaba ¿Por qué había reaccionado así conmigo? ¿Qué le hice? ¿Había hecho mal al decirle que lo extrañaba? ¿Acaso lo que sucedió ayer solo lo había hecho por ser gentil, no porque en realidad le importaba? ¿Aquel chico tenia trastorno de personalidad? Mil preguntas me invadían y junto a ellas las lagrimas brotaron de mis ojos como la lluvia brota de las nubes, solo quería llorar, llorar y no hablar con nadie. El no quería mi amistad no le importaba en lo más mínimo. Él me había RECHAZADO.

Tenía rabia, rabia por pensar que seriamos amigos, por haberle sonreído, por pensar en él pero sobre todo tenia rabia por extrañarlo tanto de una forma casi enfermiza. Me quede ahí como una niña tendida en el piso de mi habitación mirando el techo, no podía sentir nada más que la pena y sobre todo la rabia. Los minutos eran eternos hasta que por fin me dormí.

Desperté fatal, me dolía desde la punta de mis pies hasta el último de mis cabellos, la espalda estaba triturada por el mal dormir y peor aún tenía fiebre.

-Cariño tienes 39° grados ¿Segura que no quieres ir a un medico?

-Sí mamá. Solo quiero descansar ¿vale?

-Está bien si necesitas algo avísame, estaré abajo-dijo en tono preocupado.

-Okidoki, mamá No te preocupes.

Ella solo sonrió y luego cerró la puerta del cuarto, sabía que ella estaba preocupada y quería llamar un medico pero esto no era algún tipo de resfrió, era algo que involucraba sentimientos.
Me acomode en mi cama lo mejor que pude y me dedique a dormir.

“La oscuridad me invadía, yo corría desesperadamente buscando algo o alguien, no veía nada más que oscuridad. De repente el apareció, el Ángel, llevaba orquídeas blancas mis favoritas, el me las dio con un gesto de dulzura, era hermoso su piel blanca, tersa, suave, sus labios de un color rojo como el rubí y sus ojos, verdes profundos, No! Eran ¿amarillos?, No, eran de un color rojo mostrando un hambre insaciable.

Entonces él me sonrió y mostro unos afilados dientes, de pronto se abalanzo a mi cuello, yo gritaba pero nadie me ayudaba, trataba de apartarlo de mi, hasta que caí en un doloroso trance, el ángel me había dejado ahí junto con las orquídeas blancas que poco a poco se teñían de un rojo sangre, yo gritaba de dolor pero el Ángel se alejaba mas y mas

¡¡NO!! Desperté gritando.

Mamá llego a los segundos a mi cuarto con el miedo y la histeria en sus ojos. Yo la mire y me puse a llorar, no quería despertar en mi habitación, solo quería estar con el ángel de mis sueños, no me importaba si me atacaba, yo solo quería encontrarme rodeada por sus brazos.

-Tranquila mi pequeña, no llores, ya paso mi vida- dijo mamá rodeándome en un abrazo.

-Mamá… has que vuelva, dile al ángel que vuelva, por favor – dije entre sollozos.

-Cariño solo fue un sueño.

-¡NO! No mamá el vino y me trajo orquídeas, es hermoso, ha mordido mi cuello, mira.

-Mi vida solo ha sido un mal sueño- repetía mi madre con horror en la voz.

-Está aquí, yo lo vi, mira la marca que dejo en mi cuello.

Me levante para mirarme en el espejo, saque mi cabello que caía ocultando mi cuello y lo mire, tocaba desesperadamente mi cuello, buscando alguna marca, algo que comprobara que el Ángel me había mordido pero fue inútil, no había nada. Caí de rodillas al suelo frente al espejo sollozando como un bebe, mamá me fue a abrazar y dijo:

-Mi vida olvídalo solo fue una horrible pesadilla.

-¡¡NO!! ¡Mamá has que vuelva! Te lo ruego – dije llorando otra vez. Era imposible que aquel hermoso ser no existiera, yo no quería olvidarle, no debía olvidarle.

-Esta delirando, hay que llevarla a un medico la fiebre la ha hecho ver alucinaciones- dijo una voz familiar.

Me di vuelta mirando al umbral de la puerta y ahí estaban Florencia, Stefan y… ¿William?

-¿Qué haces tú aquí? – le dije con rabia y sollozos a William.

Él me miraba alarmado igual que Stefan, era como si se horrorizaran de lo que hace un momento atrás yo había dicho. Sus caras eran unas mascaras de miedo y dolor gigantescas.

-Yo… pues yo…

-¿Sí? ¿Tú qué?- le dije mirándolo con cara de tristeza. Mi corazón se había reprimido al verlo ahí.

-Yo… ¡NADA!

Me miro perplejo, con el dolor marcado en los ojos, salió rápido de la habitación mientras yo lo seguía un poco mareada, baje como una histérica las escaleras para poder alcanzarlo. Tome su mano fría entonces un escalofrió recorrió mi cuerpo y pude ver miles de imágenes de nosotros, no, no era yo, era alguien parecido a mi miles de sentimientos me invadieron. El se alarmo y retiro rápidamente su mano.

-Espera, no te vayas.

-Debo…

-No William, no te vayas, escúchame… ¡Lo siento!

-Debo irme, no puedo hablar ahora.

Entonces empecé a marearme, veía todo doble, sentía mucho frio, me pitaban fuertemente los oídos, en un abrir y cerrar de ojos me desconecte de la realidad y el Ángel volvió, yo estaba junto a él, me tenía entre sus brazos…. Susurro a mi oído ¡Duerme pequeña!
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