Cap.6: Leticia.
*Antes de que Lean el Capitulo de Hoy me gustaria aclarar que esta relatado desde el punto de vista de William ... Espero que les guste *

“Sabíamos que esta búsqueda sería difícil pero lo que no teníamos premeditado era que las fuerzas de la oscuridad ya no solo la querían a ella, sino que también a su mitad”

Nuestro primer día en Dover, delaware, el clima no estaba mal para gente como nosotros o mejor dicho inmortales, porque eso éramos. Camile había encontrado una hermosa casa en aquel remoto lugar, era cómoda, espaciosa, esto era necesario para nosotros porque éramos muchos y por sobre todo estaba ubicada en un barrio sencillo. Esto nos facilitaría enormemente las cosas, nadie sospecharía de los nuevos extranjeros y todo marcharía mejor sabiendo que la persona que nos arrendo aquella casa tenía hijos, los cuales nos ayudarían a “adaptarnos”.

-Todo irá bien muchachos ya verán cómo les gusta este lugar – dijo aquella menuda mujer.

-Sí, lo sabemos – respondí.

-Bueno pues mañana pasen a la dirección que les he dado, mi hija Leticia estará encantada en poder ayudarlos.

Ya era martes, estaba recién amaneciendo la noche se me había hecho muy corta, había vuelto a mi naturaleza perturbada desde que ella se había ido, cada noche yo leía todo en su diario, eso hacía que me mantuviese con la esperanza de hallar a la próxima elegida. Habían pasado siglos desde que la esperanza volviese a seres como nosotros pero sabíamos que llegaría, debía llegar.

Llevamos 700 años buscándole era nuestra última esperanza no podría desaparecer, Baltasar había sentido su presencia ya todo estaba premeditado, debíamos encontrarla antes que la orden lo hiciera o peor aun que descubrieran nuestro plan. Sabíamos que su esencia estaba en aquel pueblo pero el problema era cual de aquellas personas era la correcta, sin Vladimir y Eloana el trabajo se nos dificultaba un poco.

-Vámonos-dijo Stefan.

-Está bien pero recuerden que debemos actuar lo más normal posible.

-Lo sabemos William, estamos acostumbrados no te preocupes.

Yo solo podía tratar de confiar en ellos, a pesar de que Baltasar se encontraba absorto en sus pensamientos, sabía que él era más peligroso que Stefan, ambos se descontrolaban muy fácilmente y podrían develar nuestro mas intimo secreto en uno de sus arrebatos de cólera. Debía estar lo más atento posible frente a sus reacciones, mas aun cuando nos encontraríamos con aquella humana.

Llegamos a la calle que nos había dado la madre de la tal Leticia, con cada centímetro que avanzábamos más nerviosos estábamos de levantar sospechas. Yo observaba cada movimiento de mis hermanos cuando aparcamos fuera de la casa de aquella chica, toque la bocina en señal de que estábamos esperando, cuando bajamos del auto. Entonces ella salió y el viento no estuvo de nuestro lado, la brisa movió sus cabellos trayendo consigo no solo el sonido del viento sobre las hojas de los arboles sino que el olor, aquel embriagante olor a orquídeas, lirios y fresas. Su aroma era tan juvenil, exquisito de una forma enfermiza, su cálida esencia quedaba impregnada por todas partes, no solo fui yo quien se asombro por esto sino que Baltasar se puso rígido inmediatamente.

Stefan se apresuro a acercarse a ella y entablo conversación con la joven, yo solo podía sentir su aroma merodeando a mí alrededor, no era capaz siquiera de prestar atención a otra cosa que no fuera su esencia. Mientras más se acercaba, mas me embriagaba, entonces se planto frente a mí y con su dulce voz dio un simple hola, al fijarme en sus facciones se me desgarro el corazón después de siglos de haber dejado de latir, podía sentir como si una estaca lo hubiese atravesado y aquella estaca llevaba nombre… Leticia.

Sus ojos castaños de una profunda sinceridad, eran tan puros que casi podías ver todo sus pensamientos a través de ellos, la piel de durazno se veía tan suave como la seda, unos labios perfectos, tan rojos que parecieran hubiesen acabado recién de comer una fresa y hubiese dejado una tonalidad natural perfecta, el cabello largo de color castaño claro tanto o más parecido al caramelo con risos alborotados y sus sonrojadas mejillas que te hacían perder aun más el control. Leticia, Leticia, Leticia… SOPHIA, SOPHIA, SOPHIA… ¡NO! Me dije a mi mismo, no podría ser ella, jamás seria Sophia, estaba muerta, no podía ser cierto. Ella nos miraba con aquellos profundos ojos castaños ¿preguntándose algo? o ¿era que estaba nerviosa? Esa joven que estaba frente a mi me había desquiciado profundamente, no solo por su aroma embriagador sino que también compartía un cierto parecido a ella, a mi querida Sophia.

Entonces sus labios se abrieron dejando salir su dulce voz para comenzar a presentarse, pero Stefan tubo que dárselas de galán, haciendo que la bella Leticia se sonrojara.

-No le prestes atención a Stefan el es un tarado de fuerza mayor- le dije tratando de actuar lo más normal posible. Aunque aquellos suponía un gran esfuerzo por mi parte, ese frágil ser había removido el pasado y no me estaba resultando sencillo dejar de recordar.

Entonces ella contesto con su melodiosa voz.

-Oh no te preocupes no le he hecho caso.

-Bueno mejor nos vamos se nos está haciendo tarde- me dirigí a su persona dedicándole una sonrisa.

-Claro, vamos. ¿Dónde me siento? – pregunto ella nerviosa.

-Ve en el asiento del copiloto- dijimos a coro con mi hermano.

Esto la divirtió, se puso a reír como una niña, Stefan y yo reímos junto a ella, no era una risa forzada como muchas veces debíamos hacer para mantener nuestra farsa de seres humanos, era una risa natural, algo simple que brotaba en mi después de muchos años de haber sido enterrada, no había vuelto a reír así desde que ella se había ido. Pero todo se opaco con la mirada de Baltasar, el no reía, más bien se veía absorto en sus pensamientos, sabía que estaba usando su poder, podía sentirlo. Debía hablar con él pero ese no era el momento indicado.

Stefan como siempre dándoselas de gracioso hizo enojar a Baltasar y este respondió con todo el odio que le era posible, si Baltasar se había fijado en Leticia tanto como yo, sabría que me había recordado a Sophia pero lo que no entendía era porque el usaba su poder. Algo raro estaba ocurriendo.

En esos momentos Leticia ocupaba toda mi mente no podía sentir más que su esencia revoloteando dentro del auto, era una persona fascinante y peor aun con un Olor embriagante. Trataba de mostrarse lo más sincera con nosotros, hiso preguntas que le respondimos con total naturalidad al igual como nosotros hacíamos preguntas de la ciudad, el instituto y de ella. Reímos varias veces de camino al instituto del cual seriamos alumnos por este año, Stefan parecía muy intrigado por ella, él siempre había encontrado fascinante a todos los “mortales”, Baltasar era quien me preocupaba, tenía una reacción muy extraña desde que nos habíamos encontrado con la “humana”, usaba su poder, lo sabía, pero no conocía la razón de aquello, menos el porqué de mostrar cierto recelo y repudio hacia aquel frágil ser. ¿Cómo podía ella hacerme sentir así? ¿Qué hechizo había usado en mi persona? Era hermosa de eso no había duda pero ¿Qué la hacía tan importante? De repente Baltasar se dirigió a ella dándole las gracias por habernos guiado, bajo tan rápido del auto que apenas lo note, Stefan se dirigió en su búsqueda y yo… yo me quede con ella, con Leticia. Pronto me encontraba pidiéndole disculpas por la reacción de mi hermano y al siguiente instante ya nos dirigíamos a dirección para recoger mi horario, ella se mostraba de una forma tan cómoda conmigo, me hacía sentir que el tiempo se nos iba volando. Lo único que deseaba era poder volver a estar cerca de ella asique me tome el atrevimiento de pedirle que nos viéramos a la hora de almuerzo en la cafetería.

Entre a mis clases normalmente, todos allí me miraban, los chicos con recelo marcado y las chicas dando suspiros por doquier. Preste atención a todo lo que hablaban los maestros, aunque todo eso ya lo sabía casi de memoria se sorprendería alguno de ellos al saber que era licenciado en leyes, física, bioquímica y geología. Era normal en nuestra familia, todos teníamos grandes títulos, éramos inmortales y el tiempo nos sobraba. Llego la hora de ir a comer, para nosotros no era necesario, debíamos mantener la farsa pero por sobretodo quería verle, quería estar cerca de ella, sentir su aroma embriagador aunque quemase mi garganta, pero le necesitaba. Y ella apareció, con su dulce mirada buscando por todo el lugar ¿con desesperación? ¿Acaso ella quería verme con la misma intensidad que yo?

A penas nos diviso se empezó acercar al lugar en el que esperábamos Stefan y yo, ya que Baltasar no había aparecido en todo el transcurso de la mañana. Entonces ocurrió, mientras ella se dirigía con una sonrisa a nuestro sitio, un joven la tomo con fuerza del brazo, casi con rabia, podía notar la presión que el ejercía en ella, todo se salió de control, ese estúpido humano quería dañarle podía sentirlo, no lo pensé ni dos veces y le dije a Stefan que sacara a la chica que se encontraba al lado de Leticia, que me esperara en el auto en vista de cualquier situación; me dirigí silenciosamente hacia ellos para defenderle de cualquier daño, no soportaba verle sujetarla de esa forma tan posesiva.

-Creo que la señorita quiere que la sueltes.

-Tú no te metas Imbécil – dijo aquel humano.

No sabía con quien se estaba metiendo en realidad, un intento de puñetazo llego a mi rostro pero no me moví ni un centímetro, entonces no aguante mas, sabía que no debíamos llamar la atención por sobretodo sabía que no podía darle caza en aquel sitio lleno de humanos asique recurrí al método que todo chico “normal” hubiese hecho, le plantee un puñetazo que le partió la nariz. Empeoro, cayó al piso sangrando, podía oler la sangre saliendo por su nariz ese estúpido humano tenia buen olor pero sabía que no podía perder el control y al parecer ella también, reacciono y me saco volando del instituto.

Llegamos tomados de la mano al auto, podía sentir su respiración agitada, su piel de color durazno se había tornado de un color rosa por la agitación, su mano tibia tocaba mis fríos dedos, su sangre ¡Oh dios! su sangre, podía sentir cada latido de su acelerado corazón, como bombeaba la sangre a cada centímetro de su cuerpo, no podía parar de mirarle y ella también me miraba con la misma intensidad. Reímos y miramos nuestras manos que se hallaban entrelazadas, me soltó delicadamente pero yo no quería estar lejos de su piel, volví a tomar su mano, la apreté con fuerza para que se diera cuenta que no quería soltarla, sus mejillas se sonrojaron más aun y un brillo asomaba en sus ojos ¿Acaso ella estaba emocionada? La magia se desvaneció en cuanto su amiga hablo.

-Creo que por hoy nos hemos salvado-dijo la otra humana.

-Flo ¿Dónde te habías metido? – pregunto Leticia en tono de reprimenda.

-Yo la rescate- contesto Stefan en tono de burla.

-No es cierto, yo no necesitaba ser rescatada.

Partimos a dejar a las chicas a sus respectivas casas. Leticia me dedico una mirada como de desesperación al ver que debíamos separarnos. Yo solo le dedique mi mejor sonrisa, tratando de no mostrar todos mis dientes.

Me encontraba tan absorto en pensar en Leticia y todo lo que me había hecho recordar, que ni siquiera me percate que Baltasar se había quedado en el instituto. Cuando llegamos a casa ya era bastante tarde, entramos y todos estaban reunidos en el salón; Camile y Alistar, Baltasar y ¿Eloana? ¿Qué hacia ella aquí? ¿Y Vladimir?

-Pequeña has vuelto – dijo Stefan abrazándola.

-Claro hermano, debía volver. Era necesario – dijo ella en tono cortante dirigiendo una mirada perturbada.

Algo no iba bien, Eloana no llegaría hasta dentro de dos a tres semanas más junto a Vladimir.

-No te preocupes William, se que te extraña mi presencia pero Baltasar mando a llamarme debido a la situación que debemos enfrentar, necesita de mi ayuda.

-¿Cómo? ¿A qué te refieres pequeña? – dijo Alistar.

-Bueno mejor será que Baltasar les explique, él es quien ha sentido su presencia, vamos explícales a todos.

Tanto la cara de Camile, Alistar, Stefan y la mía iban de la curiosidad al temor, sabíamos por las palabras de Eloana que Baltasar había sentido la presencia de la elegida o elegido, debíamos ser cuidadosos, mas aun con alguien que tal vez no conociera su propósito, un simple humano o humana, si Baltasar le había encontrado ¿Por qué no nos había dicho nada? ¿Acaso la había encontrado en el instituto? ¿Por qué no había sentido yo también la presencia de aquel ser? ¿Porque no había sentido el poder de Baltasar cuando este lo había utilizado? Sabia la respuesta, había estado todo el tiempo ahí, ¡como pude ser tan ciego! El había utilizado aquel poder con Leticia lo había sentido todo el tiempo desde que Baltasar la había visto por primera vez, hasta que se había bajado del auto.

-¡¡NO!! – Gruñí mostrando mis colmillos.

-Ya lo entiendes ¿no William? Ella es la elegida, lo he sentido, ahora solo falta confirmarlo.

-¿Qué sucede, quien es la “supuesta elegida”? vamos chicos puede ser falsa alarma – dijo Stefan en tono burlón.

-LETICIA – conteste.

A Stefan se le cayó la cara a pedazos, su expresión era horrenda. Sabía lo mismo que yo, si era ella, nosotros debíamos alejarnos para poder protegerle pero sin que se enterara hasta el momento exacto. Si seguíamos cerca de ella se les haría más fácil a la orden poder encontrarla y matarla, nuestro deber era protegerla con uñas y dientes, con mentiras y traiciones, con sangre y hechizos, con veneno y MUERTE.

-¿Quién es Leticia?- pregunto Camile.

-Es la hija de la mujer que nos ha arrendado la casa – dije en tono sombrío – es la persona más embriagante que existe, también tiene un parecido a SOPHIA.

Todos en la habitación me miraron con rostro sombrío, la tristeza se asomaba en sus ojos, menos en los ojos de Baltasar, el me veía de forma fría, calculadora. Esto me molestaba ya que había visto de la misma forma a Leticia ese día.

-¿Lo entiendes no William?- dijo nuevamente – tu sabes que ella no es Sophia, sabes que ni siquiera se le parece tanto como dices suponer, Leticia es tan diferente a Sophia, su espíritu, su juventud, su esencia, su SANGRE es distinta. No te aferres al pasado William, tal vez tienen cierta similitud en sus ojos de la misma sinceridad y color que la pequeña Sophia, pero son dos personas completamente distintas, dos mundos diferentes. Debes alejarte.

Esto me hizo comprender en su totalidad que yo me había aferrado demasiado al pasado, que mi amarga existencia de 700 años había sido encasillada en un solo ser, Sophia, que desde su muerte nunca le dejaría de querer y ahora aparecía ella, Leticia, tan dulce y juvenil, estaba tan equivocado al pensar que sería mi Sophia, Baltasar tenía razón, eran dos personas totalmente diferentes, Leticia era única, yo había sido el tonto que quería que ella se transformase en Sophia, en mi único amor, eso jamás sucedería. Ahora me daba cuenta de que la única razón, el único motivo de yo querer estar cerca de ella era por el hecho de que quería que fuera otra.

Terminada la discusión y controversia formada por la familia, subí a esperar el amanecer en mi cuarto, pensé demasiado, no tenía ganas de nada, ni siquiera en dormir. A pesar de ser criaturas de la noche, cazadores, inmortales, podíamos dormir pero era más un hábito que algo necesario para nuestro cuerpo. El alba llego pero yo no despertaba de mi pesadilla. Ese día me ausente en el instituto, no podía ir, no quería verle no sabiendo que podría caer rendido a mis recuerdos, dejándome llevar por un viejo sentimiento. El día concurrió muy tranquilamente, pase el mayor tiempo posible con Eloana hablamos de nuevas estrategias para desviar a los rastreadores de la Orden, de Leticia. Me conto de cómo Vladimir está tratando de solucionar las cosas en Italia, del porque de su pronta llegada, aunque eso ya estaba claro para mí.

Ocurrió lo peor aquella tarde, mientras hablaba con Eloana, Camile llego al salón diciendo que tenía una llamada de Leticia. Un dolor insoportable me recorrió.

-Diga.

-¿William? Soy yo, Leticia.

-Lo sé, ¿Qué quieres?- le dije en tono cortante.

-Pues quería saber cómo estabas, que ha sucedido y si podíamos conversar un momento, la verdad… yo… es que te he extrañado.

Como podía ser que aquella dulce humana sintiese cariño por mí, alguien que realmente le había dedicado sonrisas solo porque pensaba que podría llegar a reemplazar a su único amor. Me había comportado de forma irracional, debía protegerla y por sobre todo tratar de causarle el menor daño, tal vez si era frio con ella entendería que no quería volver a verle.

-Sabes, ahora estoy ocupado quizás en otra ocasión, Adiós.

Corte rápidamente el teléfono, ella entendería ¿no? Después de todo yo no la quería o ¿sí? No entendía lo que me ocurría un profundo hueco se clavaba en mi pero no sabía la razón u motivo de aquella reacción, debía alejarme de ella para protegerla de la orden sería extremadamente peligroso si éramos amigos.

Aquella noche me permití dormir, no tenía ganas de pensar en Leticia y mucho menos en mi Sophia, todo transcurriría más rápido si lo hacía. Amaneció, nos fuimos al instituto junto a Stefan y Baltasar, Eloana aun no podía aparecerse por aquel sitio, debíamos mantener la historia de que nuestra hermanita se encontraba en Italia junto a Vladimir.

Hoy vería a Leticia, tenía que enfrentarla para darle a entender mi verdadera postura, no podía darle ilusión de siquiera ser amigos, de hecho ni siquiera cabía esa opción, tendría que alejarla de nosotros aunque hiriese sus sentimientos. Llegamos al instituto, Stefan se junto con la amiga de Leticia, Florencia al parecer mi hermanito tenia cierto sentimiento hacia ella, Baltasar como siempre con su mal genio a flor de piel se fue a clases sin decirnos nada, yo entre a mis clases normalmente a cada momento, cada segundo, cada minuto de clases se pasaba muy rápido esperaba haber tenido más tiempo, lo único que quería era retrasar aquel encuentro. Llego la hora de almuerzo, Stefan esperaba a Florencia y Baltasar estaba arrimado en la mesa sin dar señal alguna de vida, tuve que pegarle un codazo para recordarle que no estábamos solos.

-Hola chicos – saludo Florencia.

-Hola – respondimos Baltasar y yo de forma monótona.

-¡Oh! Por sus caras supongo que ya se han enterado – dijo al sentarse en nuestra mesa.

-¿De qué? – hablo Stefan.

- De que Leticia está enferma, claro.

-¡¿Qué?! – pregunte exaltado, Baltasar me miro y me pego una patada para que yo no mostrara reacción alguna frente a la noticia, pero ya era tarde, me encontraba demasiado preocupado por lo que le pasaba o no a Leticia.

Florencia me miro con cara perpleja por mi reacción, se había alterado. Entonces me respondió

-Leticia se encuentra enferma, esta mañana he telefoneado a su casa al ver que no había venido al instituto me contesto su madre, dijo que ella se encontraba durmiendo y que no había venido porque había amanecido muy mal, con casi 40° grados de temperatura.

-Iremos a verla – dije autoritariamente. Sabía que si no lo hacía, la culpa y preocupación estarían rondando todo los días hasta que la viese de nuevo.

-Yo también iré, si quieren podemos ir todos juntos después del instituto- dijo su amiga.

Termino aquel día y partimos a casa de Leticia, cuando llegamos pude sentir una fuerza extraña, algo fuera de lo común, camine a zancadas por el jardín toque a la puerta y abrió su madre, nos esperaba con una cálida sonrisa y algo de preocupación en su rostro. Nos hiso pasar, nos sentamos en la salita, era muy acogedora trajo refrescos pero al segundo de haber tomado los refrescos, el ambiente se volvió tenso, distorsionado. Stefan y yo nos miramos, podíamos sentir el frio, el miedo dentro de la casa, alguien estaba usando su poder ahí. Jamás había sentido una descarga tan grande en mis 700 años; ella grito ¡NO! El cuerpo se me hizo añicos. Subimos rápidamente las escaleras su madre adelante, le seguía Florencia y Stefan, al final iba yo. Nos agolpamos en la puerta de su habitación mientras veíamos aquellas imágenes como si fuesen sacadas de una película o mejor dicho de una pesadilla. Ella abrazaba a su madre, se encontraba totalmente fuera de sí, su rostro reflejaba un dolor insoportable.

-Tranquila mi pequeña, no llores, ya paso mi vida- dijo su madre rodeándola en un abrazo.

-Mamá… has que vuelva, dile al ángel que vuelva, por favor – hablo Leticia entre sollozos.

-Cariño solo fue un sueño.

-¡NO! No mamá el vino y me trajo orquídeas, es hermoso, ha mordido mi cuello, mira.

-Mi vida solo ha sido un mal sueño- repetía su madre con horror en la voz. Podía ver que tenía miedo.

-Está aquí, yo lo vi, mira la marca que dejo en mi cuello.

Ella se levanto, se dirigió al espejo que había en su cuarto, saco su cabello que caía ocultando aquel fino cuello, tocaba desesperadamente, buscando, hurgando para comprobar que aquel Demonio de sus sueños le había mordido. Fue inútil porque no encontró nada, se hallaba muy pálida, sus mejillas no tenían el mismo color y cayó de rodillas al suelo frente aquel espejo sollozando.

-Mi vida olvídalo solo fue una horrible pesadilla- hablo su madre abrazándola para tranquilizarla.

-¡¡NO!! ¡Mamá has que vuelva! Te lo ruego – dijo llorando otra vez.

Entonces Florencia hablo, su voz y su expresión eran de horror.

-Esta delirando, hay que llevarla a un medico la fiebre la ha hecho ver alucinaciones.

Leticia nos quedo mirando muy desconcertada, por sus ojos pasaba la pena, el dolor, la rabia ¿acaso yo sería el causante de esto? ¿Ella estaba triste por mi culpa? Cuando se me quedo mirando con la duda en el rostro lo comprendí, yo había sido el causante de todos sus sentimientos.

-¿Qué haces tú aquí? – me dijo con rabia.

Yo la miraba con terror por lo que había dicho anteriormente y sobre todo porque yo era el causante de cierto dolor que ella sentía.

-Yo… pues yo… - no podía articular palabra, mi mente estaba desconectada de mi cuerpo.

-¿Sí? ¿Tú qué?- dijo con tristeza.

-Yo… ¡NADA!

Baje las escaleras y procedía a salir de ahí, debía buscar a Alistar o Baltasar, ellos debían saber lo que estaba ocurriendo en esa casa, tendrían que ir a inspeccionar para saber qué tipo de poder era aquel, yo sabía que nadie de la orden podía ser, ningún descendiente directo, ya que no quedaba ninguno con sangre pura, por no decir veneno. Todo ocurrió tan deprisa. Podía sentir sus pasos detrás de mí, pero no iba a permitirle que me alcanzara. Tomo mi brazo por unos instantes y la vio, vio a Sophia, ¿Cómo lo hiso? ¿Cómo pudo ver mis recuerdos? ¿Acaso su poder se había desarrollado? ¿Qué le pasaba a Leticia? Solté rápido su mano de la mía.

-Espera, no te vayas - dijo suplicante.

-Debo…

-No William, no te vayas, escúchame… ¡Lo siento!

¿Por qué se disculpaba? ¿De qué? Yo había sido el causante de ello, ella no tenia porque disculparse.

-Debo irme, no puedo hablar ahora.

Su mirada de tristeza me helo, en un abrir y cerrar de ojos ella se hallaba tirada en el piso con cortes por todas partes, debido a que se había roto un objeto de cristal el cual había tirado al desmayarse. La sangre salía a chorros por todos los cortes, podía sentir su olor, aquel olor embriagante, quería beber de ella, lo deseaba pero entonces sentí el grito que pego su madre y me devolvió a la realidad. Trate de no respirar para que las ganas de quitarle la vida a nuestra última esperanza desaparecieran. Stefan bajo a ayudarme para subirla a su cuarto, debimos hacerlo con mucho cuidado, no solo por los cortes que ella tenía sino porque debíamos protegerla de nosotros mismos, los cazadores.

Estaba perdiendo sangre y no ayudaba el hecho de que sus defensas estaban bajas. Esta situación era horrible, por suerte el doctor llego rápido la examino y curo sus cortes, Stefan y yo esperábamos fuera.

-Has sentido aquel poder al entrar en la casa – dijo Stefan afirmando mi teoría.

-Sí, lo he sentido, algo no anda bien Stefan nadie puede ejercer aquel tipo de fuerza, al menos no alguien de la orden, ninguno ni siquiera los jefes pueden, porque no son de sangre pura. No como Leticia, solo ella podría ejercerlo.

-¿Cómo? – dijo Stefan extrañado.

-Te lo explicare luego, ahora debemos preocuparnos por qué este bien y luego iremos a casa a hablar con los demás.

Cuando por fin salió el médico de su habitación decidimos marcharnos, Florencia se quedo con la madre de Leticia para ayudarle. Al llegar a casa Stefan los reunió a todos en el salón para poder hablar de lo ocurrido y pedir consejo a Alistar, después de todo el era el líder de nuestra familia.

-¿Qué pasa? ¿William? ¿Cariño por que tienes esa cara? – Camile estaba asustada lo veía en su rostro.

-William, Stefan, hablen de una vez por favor – dijo Alistar perdiendo los estribos.

-Leticia esta herida. Ha sido todo muy extraño, hoy fuimos a su casa porque su amiga dijo que se encontraba enferma, pensando que solo sería algo pasajero decidimos ir a inspeccionar, al llegar a aquel lugar sentí una descarga de poder inmensa. Pregúntenle a Stefan si no lo creen.

-Es cierto, yo también pude sentirlo, lo peor de todo no era eso sino que Leticia ha visto a alguien en sueños, en ese sueño aquel ser bebía su SANGRE. – dijo mi hermano.

-Un demonio querrás decir ¡MALDITO! – grite ofuscado.

-Calma William, debes mantenerte tranquilo, la prioridad ahora es tratar de descubrir quien proyecto aquellas fuerzas – contesto Alistar - Creo que nadie de la orden podría hacerlo, todos allí no son descendientes directos, ninguno lleva sangre pura.

-Todos menos Leticia – dije en tono apremiante.

-No es posible, por lo que me ha dicho tu hermano Baltasar su esencia no se ha desarrollado completamente, además ella no sabe aun la verdad.

Todos nos miramos desconcertados, sabíamos que algo malo estaba pasando pero no podíamos descifrar ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? Y el ¿Por qué?

-Tal vez la orden encontró una forma. Una forma de poder ejercer esas fuerzas para llegara a ella- dijo Eloana.

-¿Cómo? – pregunto camile.

-No lo tengo claro, pero mientras Vladimir y yo estábamos en Italia encontramos varias pistas y no solo eso, sino que había gente que había sido mordida en sueños. Como le ocurrió a Leticia. Lo hacen para sacar información, fuerzas vitales o simplemente cuando la persona tiene algún tipo de conexión con el ser que se aparece en sus sueños.

Todos nos miramos extrañados por aquello pero ahora solo teníamos una prioridad y esa era proteger a Leticia. Debíamos vigilarle de cerca, para que nadie volviera a acercarse a ella.

-Llamare a Vladimir para que averigüe más acerca de estos sueños – dijo Eloana.

-Camile, Stefan y yo trataremos de buscar pistas – dijo Alistar - William tu deberías quedarte aquí, ya ha sido bastante para ti hijo.

-Yo iré a cuidar de ella – dijo Baltasar en tono sombrío – soy el único que puede detectar su nivel de fuerza. Tal vez de con la otra fuerza que se encuentra rondando su casa.

Y así pasaron los días, todos vivíamos pendientes de ella, de mi pequeña Leticia, Baltasar era quien pasaba más tiempo rondando su casa o en otro caso cuando no estaba fuera, se encontraba dentro de la casa con la madre de Leticia. Y así llego el sábado, cuando ella por fin despertó, según Baltasar sus recuerdos habían sido removidos y estaban borrosos para ella, aquello sería más difícil porque si no recordaba a aquel demonio de sus sueños, no podríamos hallarlo tan rápido.

Era miércoles por la mañana me preparaba para ir al instituto con mis hermanos, hoy la vería y podría hablar con ella, sabía que su actitud seria fría porque yo no había contestado ninguna de sus llamadas desde el sábado hasta ahora, ni siquiera había ido a verla, los chicos eran quienes me traían noticias de Leticia. Y entonces sucedió, mi cuerpo reacciono a una descarga de poder que se había hecho muy cerca de ahí, caí al piso y me desplome. Solo podía verle a ella a Leticia, estaban jugando con mi mente, el panorama cambio y quien ocupaba el lugar de Leticia ahora era Sophia.
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