Cap.23: Emboscada
En el instante en que el cuerpo de Camile caía al piso de madera manchándolo con un charco de su sangre inmortal, Alistar mato al chico de aspecto oscuro, un vampiro como ellos. Sin poder hacer nada, todos observábamos aquella escena con terror. El chico murió al inmediatamente.

Alistar volvió a centrar su atención en Camile, con un suave movimiento rodeo su cuerpo y comenzó a darle de su sangre, pero ya era tarde podía ver como la oscuridad se cernía sobre ella, ahogándola, succionando su vida inmortal.

¿Acaso nadie se daba cuenta?

-Nos veremos en el otro lado – fueron las últimas palabras de Camile.

-¡NO!- grito Alistar sujetando fuertemente el cuerpo inerte de su esposa.

Se suponía que al ser inmortal eras muy difícil de ser herido, mucho mas de morir así como así, pero aun no me habían explicado el como se mata un vampiro; claro que tenia algunas ideas basadas en los libros pero quizás eso solo sean mitos.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos al ver que no estábamos solos en la habitación.

Los Mondragón, Lucio y Fabiana venían acompañados de una tropa de vampiros desconocidos para mí, pero al parecer no para los Lazareto. Irrumpieron en la casa, rodearon a cada uno de los Lazaretos menos a Vladimir quien me protegía. Cada uno de ellos llevaba los ojos inyectados en sangre, de sus bocas relucían sus colmillos que dejaban un rastro de la última persona que habían asesinado sin remordimientos. Aquello me asqueaba.

-Vaya, vaya que linda sorpresa Vladimir - contesto Lucio.

Mis nauseas iban en aumento, quería salir de ahí podía ver la Oscuridad a mi alrededor pero al parecer era la única que se percataba de esto.

-¿Qué quieres? –

-¿No es obvio? La quiero a ella – mientras Vladimir apretaba mas su mano en la mía, Lucio
Mondragón me apuntaba con cara acusatoria, como si se hubiese cometido alguna injusticia o traición.

-Jamás la tendrás – fue Eloana quien hablo y de la nada la habitación comenzó a encogerse, sentí que me ahogaba, me sentía claustrofóbica.

Todos luchaban contra los acompañantes de los Mondragón, Alistar mato a unos cuanto de ellos cortándoles la cabeza, Baltasar usaba su poder para sondearlos y adivinar sus próximos movimientos, cada pensamiento de nuestros enemigos los hacia cavar su propia tumba. Vladimir me agarro tomo por la muñeca izquierda y comenzó a jalarme fuera de la habitación, mientras Fabiana me tiraba de mi pierna derecha, trate de patearla pero por mas que lo intentase ella era demasiado fuerte; al fin y al cabo yo solo era una chica humana, con poderes, si, pero humana.

Y entonces lo vi, vi su rostro, sus facciones que antes me parecían las de un ángel, ahora me recordaban que el no era completamente humano, que su demonio vivía dentro de él, al final su verdadera naturaleza era la que predominaba. Caleb estaba frente a mi sosteniendo por el cuello a un chico indefenso, un chico que no reconocí inmediatamente por los moratones que tenia en su cuerpo desgarbado. Era mi hermano.

-¿Que has hecho? – fueron mis palabras para ese ser despreciable que estaba frente a mi.

-Tu vienes conmigo o el chico muere – fueron sus únicas palabras.

Vladimir golpeo a Caleb enviándolo a rodar por las escaleras, pero mantenía el agarre en el cuello de mi hermano, podía verlo tan débil, el solo era humano, no tenia la culpa de esta estúpida guerra entre vampiros. No tenia súper poderes como los Lazareto o Emilia, en cualquier momento Caleb Mondragón podía mover sus manos y asesinarlo.

Cuando Vladimir se iba a lanzar de nuevo encima de su cuerpo, Caleb hizo más presión en el cuello de Ivo, podía ver como a mi hermano pequeño le costaba más y mas respirar. Corrí por las escaleras en el momento justo que Fabiana se lanzaba contra Vladimir y lo golpeaba contra la pared, se enfrascaron en una pelea a muerte mientras yo trataba de golpear a Caleb sin obtener ningún buen golpe para noquearlo.

Era como un mosquito revoltoso y molesto, tan insignificante.

-¡Suéltalo! – gritaba.

-No hasta que vengas conmigo - me miro fijamente y a pesar de esos ojos inyectados en sangre, aun sentía que era mi Caleb, el mismo de siempre – no quiero hacerte daño, solo ven y no matare a tu hermano.

Estaba a punto de acceder cuando Emilia me aparto. Stefan y Renato inmovilizaron a Caleb, pudiendo liberar al fin a Ivo de sus manos asesinas, pero eso solo sirvió para avivar mas la ira en el. Mordió a Stefan comenzó a succionar su sangre, solo lo suficiente para que este quedara inconsciente, Renato lo aparto lanzándolo por los aires, Emilia se me acerco para ayudarme pero mis únicas palabras para ellas cuando me pregunto como estaba fueron el nombre de mi hermano, ella lo entendió inmediatamente y se lo llevo de allí. Yo me quede tumbada en una esquina viendo como se desarrollaban todas las peleas a mi alrededor, Lucio peleaba con Eloana, Fabiana con Vladimir, Alistar con un par de jóvenes vampiros, Baltasar le ayudaba mientras que Renato se enfrentaba a Caleb.

Deseaba con todas mis fuerzas que todo esto acabara, que nada de esto sucediera, cuando escuche su voz, era seductora y dulce, como un arma de doble filo, me sentía tan atraída a ella, susurraba mi nombre tan delicadamente como si los pétalos de las flores rozaran mis mejillas en una caricia infinita.

-Leticia, Leticia, Leticia – siseaba la voz una y otra vez – Ven…

Y la seguí, seguí la voz, sin darme cuenta que iba camino a la oscuridad que había succionado la vida de Camile, la misma que había tomado secuestrada a la pequeña niña de mi sueño. Baje las escaleras lentamente para llegar a la primera planta, entonces un grito me saco de mi estado.

-¡Leticia no! – era Baltasar quien había sondeado mis sentimientos y pensamientos. Me hallaba
parada en mitad de las escaleras, desconcertada y sin saber que hacer.

Esa voz aun me llamaba pero ahora sentía una lucha a mi alrededor, un poder oscuro que provenía de aquella voz y el poder que sabia que emanaba de Baltasar, quien luchaba mentalmente por mantenerme cuerda y físicamente para mantenerse vivo.

-Vladimir ve por ella, no se cuanto mas puedo aguantar – le grito Baltasar, se notaba abrumado y apunto de sufrir un colapso nervioso.

Entonces Vladimir corto la cabeza de Fabiana con un trozo grueso del viejo espejo que habían roto en su batalla y el infierno se desato. Lucio al ver a su esposa partida en dos, corrió en su ayuda mientras Vladimir trataba de alcanzarme, pero una vez mas Caleb fue mas rápido llegando a mi en un abrir y cerrar de ojos, me sostuvo del cuello de la misma forma que anteriormente poseyó a mi hermano.

El poco aire que tenía en mis pulmones me quemaba al tratar de salir. Ardía en mí ser como una llama avivándose.

A pesar de no poder respirar, no podía dejar de pensar en que el hombre del cual había tenido un encaprichamiento recientemente estaba apunto de asesinarme. Aquel chico de mirada dulce, que me susurraba palabras de amor que yo creía no corresponder ya no existía, lo único que quedaba de el era su cuerpo, un cuerpo poseído por un demonio maniaco lleno de sed de sangre.

-¡Suéltala maldito! -

-No

-Suéltala Caleb, recuerda que nuestro señor la quiere viva – fue Lucio en este momento quien hablo.

Entonces Caleb me soltó el cuello, pero no mi cuerpo. Me sentí un poco mejor al sentir el aire puro ingresar otra vez a mis doloridos pulmones. De inmediato Vladimir trato de alcanzarme, Lucio lo aparto de un solo empujón llevándolo a golpear su cabeza con una lámpara, ese golpe lo dejo inconsciente y tirado en el piso como un muñeco de trapo.

Ahora todos observaban a Caleb, Alistar y Eloana preparados para atacar, Baltasar sondeando nuestros pensamientos y sentimientos, Stefan seguía inconsciente y Renato… ¿Dónde estaba Renato? Hace solo unos minutos atrás había estado peleando con Caleb ¿Qué le habían hecho?

Mi pregunta fue contestada en el mismo instante que una pequeña sombra proyectada por la tenue luz de la luna se fue filtrando a nuestro alrededor, hasta convertirse en aquella oscuridad que yo tanto temía y ya había visto hace tan solo horas atrás.

La oscuridad se hizo mas solida y de repente apareció un hombre de cabellos canos, ojos chocolate y piel blanca como la cal, quien traía consigo a Renato inconsciente, presionando una daga en su cuello por si despertaba, una daga que por cierto era muy parecida a la que Caleb había enterrado a mi hermana en su pierna días atrás.

-Hola querida ¿no te alegras de verme? – aquel hombre se dirigió a mi con una expresión de satisfacción tan grande, como si esta situación fuera completamente natural.

Lo más desconcertante no era su actitud, sino que sus ojos eran del mismo color chocolate que los míos y su voz era la que susurraba mi nombre en mi cabeza. Si hasta hace un momento estaba preocupada por morir a manos de Caleb, ahora estaba segura que este hombre no solo me mataría, sino que lo haría a sangre fría y sin piedad.
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Cap. 22: Destino.
Desde que era pequeña la abuela me hacia soñar contándome historias fantásticas de seres que para muchos eran, son y seguirán siendo inexistentes. Ahora sé que me preparaba para un futuro que no tardaría en llegar, en las cortas veinticuatro horas que llevaba fuera de casa me habían sucedido un montón de cosas inexplicables que no solo me llevaron a entender ciertas cosas de mí sino que también me reunieron con mi destino.

Y ese destino era Vladimir Lazareto.

Soy Leticia Camile Bertoglia, estoy destinada a salvar un legado que me fue heredado por los siglos de los siglos, mi deber es y será cuidar de mi herencia de sangre.

***
Mientras salía del shock de conocer la existencia que se me había ocultado por 17 años, me encontraba acostada en la cama del hombre, mejor dicho del vampiro más guapo del planeta, sobretodo de mi alma gemela, mi complemento, pero a pesar de saber todo aquello no podía quitarme de la cabeza a Caleb.

Caleb y sus ojos azules, su sonrisa, su forma de ser, sus besos. Todo giraba como un torbellino en mi cabeza y ya me estaba sintiendo mareada, tanto que los deseos de vomitar eran enormes.

-¿Te encuentras bien amor? –

Esa simple pregunta me dejo volando entre las nubes, él me amaba y no podía defraudarle, no debería pensar en Caleb Mondragon un traidor para los de mi casta.

-Sí, es solo que me siento rara.

-Lo entiendo – y con esa última frase Vladimir se quedo en un largo silencio.

Me quede aguardando a que dijese algo más, pero su silencio era eterno, me hacía sentir débil, sola, asique comencé a hacer preguntas.

-¿Vladimir?

-Sí.

-¿Cómo es que Emilia está ligada a William? ¿No se supone que William estaba ligado solo a tu madre?

-No lo sé en realidad, no puedo explicarlo pero creo que Emilia es en parte la reencarnación de
Sophia, mi madre biológica.

-Ah – tome aire para hacer mi siguiente pregunta, tenía miedo de su respuesta – ¿Vladimir? ¿Ha habido muchas más de mí no? Me refiero a que no he sido la única.

El medito por un momento, sentí su cuerpo tensarse junto al mío.

-Si Leticia, ha habido muchas elegidas pero nunca una con tanto poder como el tuyo.

-¿A cuál de todas has amado más?

-¿Por qué lo preguntas?

-Oh vamos respóndeme, es obvio que tenga curiosidad, has tenido un montón de mujeres a través de los años para conquistar y coquetear y ahmm… Hacer cosas yo, yo, yo solo…

Me quede en silencio al darme cuenta que estaba haciendo el ridículo una vez más, pero a pesar de que esa no debería haber sido mi pregunta más importante no paraba de darme vueltas por la cabeza el hecho de que quizás el tenga más experiencia que yo.

-Te das cuenta de lo niña que eres – dijo riendo.

-Idiota – le pegue un codazo y me levante de la cama – voy a dormir con Eloana.

Se paró a velocidad del rayo de la cama, agarro mi cintura cuando estaba a punto de girar el pomo de la puerta y me rodeo con esos brazos que me hacían derretir.

-Tú no vas a ninguna parte. Te quedas conmigo, te meterás bajo las mantas, dejaras que te abrase y dormirás a mi lado – susurro en mi oído, su aliento se colaba por mi piel y como siempre mi respiración se hacía más pesada.

-Me iré a dormir con Eloana – alcance a decir muy débilmente.

-No puedes porque ella está con Baltazhar, tampoco puedes ir a dormir con Emilia porque le arruinaras la noche con mi padre ¿asique te quedas conmigo?

¡Diablos! Tenía razón, todos estaban con todos, de solo pensarlo me sonrojaba.

-Está bien, pero aleja tus manos de mí.

El rio en mi oído y beso mi cuello, se alejo de mí para darme espacio suficiente de volver a la cama por mis propios pies. A pesar de todas las preguntas que aun rondaban mi cabeza, tenía mucho sueño.

***
Me despertó el ruido de unos piececitos que corrían de aquí para allá en el pasillo. Era extraño porque no recordaba conocer a ningún integrante de los Lazareto menor de 15 años.

Baje de la cama mis pies desnudos tocando la madera gastada del piso, de sopetón sentí que era llevada a otra época, no al pasado, sino a un futuro próximo.

Camine con cautela hasta la puerta, gire el pomo y me encontré con la imagen mas encantadora de todas, dos pequeños niños jugando, una niña de unos cinco años trataba de quitarle el camión de juguete a un chico unos años mayor que ella. La pequeña de cabellos leonados y rojizos, de repente se dio vuelta, quedando frente a mí. Sonriendo, corrió a mis piernas y me abrazo tan fuerte que pensé me cortaría la circulación. Lo que mas me sorprendió de aquella escena no era el abrazo de la pequeña, sino la fuerte necesidad de protegerla, sentí pánico de pensar que algo podía sucederle y así de repente, la oscuridad se cernió en nosotros rodeándonos lentamente alejando a la pequeña de mi.

-¡NO! ¡NO! – gritaba desesperada.

Una risa malévola sonaba por todo el lugar, el aire se hacia cada vez mas viciado sentía que me ahogaba, pero el único pensamiento coherente que aun mantenía era la pequeña niña de cabellos leonados.

Un fuerte bofetón me trajo a la realidad, mi cabello se pegaba a mi frente, el sudor estaba por todo mi cuerpo, las mantas revueltas y la cara de preocupación de Vladimir me desconcertó aun más. Quería continuar gritando, necesitaba saber que sucedía con la pequeña.

-¡Donde esta la pequeña! ¿Quién se la ha llevado? – mi voz sonando histérica.

-Un sueño, solo fue un mal sueño – me dijo él al verme tan desconcertada.

Comencé a sollozar como una niña y termine hablando entrecortadamente después de un rato.

-Odio esto, no lo quiero Vladimir, quiero ser una chica normal. Con un novio normal, problemas de adolescente sin estos estúpidos poderes. Sin ver niños tragados por la oscuridad – mi llanto aumentaba cada vez mas, Vladimir me acogió en sus brazos consolándome.

Todos llegaron a la habitación debido a mis anteriores gritos.

-¿Qué le hiciste idiota? – Emilia se lanzo inmediatamente a golpear a Vladimir pero por suerte William la detuvo a tiempo.

-Él no le hizo nada – contesto Baltazar quien inmediatamente comenzó a sondearme, odiaba que lo hiciera, quería alejarlo de mi.

Mi cabeza quemaba, mis ojos se fijaron en su mirada azul pálida, quería ordenarle que se retirara, someterlo a que abandonara sus poderes y me dejara en paz. Y de repente así sin mas ya no pude sentirlo a mi alrededor y el fue golpeado por una fuerza invisible, lanzado fuera de la habitación.

Todos quedaron anonadados por aquel poder, como era de esperar me miraron inmediatamente.

No sabia como lo había hecho pero me alegraba de que nadie pudiera sondear mis pensamientos y sentimientos.

-¡¿Qué?!

-¿Cómo has hecho eso Leticia? – fue camile quien se dirigió a mi.

-Yo solo lo expulse de mi alrededor, desee que el se alejara. Lo desee con todas mis fuerzas.

-Necesitamos a Renato, ahora – dijo Alistar – su poder se ha incrementado, necesitamos saber que mas es capaz de hacer.

Vi como Emilia se tenso, salió rápidamente de la habitación seguida de William y Stefan. El resto de la familia permanecía a mí alrededor.

-¡Renato! Yo lo conozco el me encontró.

-Leticia, querida, trata de calmarte ¿quieres explicarnos que ha sucedido?

-Yo no lo se Camile, la pequeña… esa pequeña fue tragada por la oscuridad y yo necesitaba salvarla, no podía dejarla ahí, esa horrible risa – y no pude continuar porque el llanto volvió a mi, como un día de tempestad.

-Tranquila cariño, fue solo un sueño ya hablaremos mas tarde de ello.

Pero la verdad era que no habría un más tarde, al menos no para camile.
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Cap.21: Almas Gemelas.
Me preguntaba una y otra vez a quien pertenecía realmente mi corazón. No solo eso pasaba por mi cabeza sino que cada una de sus palabras, la verdad de porque sentía esto tan fuerte por Vladimir. William solo aguardaba a que yo dijese algo mas o tratase de hacer preguntas, yo solo podía mirarlo sorprendida.

Mi cabeza daba vueltas. Me senté un momento en el borde de la cama, para poder respirar ya que el aire faltaba en mis pulmones. De repente la puerta del cuarto de Vladimir se abrió bruscamente, mi hermana entraba corriendo como una leona furiosa, me abrazo fuertemente.

-Emilia –susurre tan bajito para ella.

-Oh pequeña. Me tenias tan preocupada ¿porque diablos escapaste de casa? te dije que me esperaras ahí- decía mientras jugaba con mi cabello, me abrazaba y apretaba.

-Yo solo quería hablar con Caleb, lo siento Emilia tu tenias tanta razón -solloce pero luego me detuve - ¿Cómo me encontraste?

-Siempre se cómo encontrarte.

Reí por un momento al recordar cuando Emilia y yo jugábamos a las escondidas y ella siempre encontraba la manera de hallarme. No debería haberme sorprendido. Mi risa se silencio al ver el rostro de William, sus ojos estaban tristes y alegres a la vez, su cara entera revelaba sorpresa.

-¿William? ¿Te encuentras bien?

El no respondió. Ni siquiera se movió, parecía una estatua totalmente rígido y bello. Me levante y trate de acercarme, Emilia se giro y comenzó a mirarlo de la misma forma en que el la miraba a ella.

-¡Vladimir! –grite al ver que ni mi hermana ni William eran capaces de decir palabra alguna. Algo muy extraño estaba ocurriendo.

-¿Qué sucede? ¿Estás herida?

-¿Qué les pasa? ¿Por qué no reaccionan?

Éramos simples espectadores en este cuadro tan familiar pero extraño. William se acerco a Emilia y tan solo al contacto de su piel con la de ella, fue como si magia, chispas, fuegos artificiales y confetis salieran de todas partes, un halo de luz los rodeaba y ambos sonreían como idiotas.

-Has vuelto a mi –le dijo a ella.

-Siempre fui tu alma gemela.
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    ¡Fuera Los plagios!

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