Cap.3: Primer encuentro.
Era el segundo día de instituto de esta semana. Me levante hecha una fiera tenía demasiada rabia por lo que había hecho mamá, como se le ocurría decirle a aquellos chicos que pasaran por mí para yo llevarlos o mejor dicho “guiarlos” hacia el instituto.

Aun podía oír sus palabras de la noche anterior:

-Cielo ellos son nuevos aquí debemos ser acogedores hay que hacer que se sientan lo mejor posible.

-¡Pues porque no los llevas tu! – las palabras habían saltado de mi boca.

-Por favor Leticia no seas Melodramática.

-No me pongo melodramática mamá es solo que no se nada acerca de estos chicos y no quiero tener nada que ver con ellos – dije tajante.

Pero nada haría cambiar de opinión a mi madre, me volvía loca de tanto que mencionaba a aquella familia me había hecho sentir como una gran idiota. Según ella debía lucir guapa y ser agradable- como si pudiera existir alguna dimensión en la que yo fuera sociable- pensé.

No quería tener más discusiones con mamá nuestra relación había mejorado bastante en estas últimas semanas asique me dedique a hacerla feliz siquiera por este día. Escogí un lindo vestido otoñal de color canela, era mi favorito ya que me hacía ver más alta (a pesar de que lo era) y lucia favorablemente más delgada, porque era un poco regordeta. Me tome el cabello en una coleta con el flequillo hacia delante no tenía tiempo para alisarlo asique mi cabello colgaba dulcemente en aquella coleta y en la punta se formaban pequeños rizos. Ni siquiera me tome el tiempo en maquillarme porque no lo necesitaba, la verdad es que muy rara vez usaba maquillaje. Tome mi bolso con los cuadernos que necesitaría para aquel día y baje lentamente a mi sentencia de muerte. Vale, lo admito si estaba siendo melodramática pero era porque no tenía ni la menor idea de quienes eran, ni que decirles a estos chicos cuando se trata de entablar conversaciones era muy mala o eso creía yo.

Llegue a la cocina mi madre me había preparado un buen desayuno pero la verdad no me apetecía nada asique preferí pedirle dinero para comprarme algo en el instituto. Cuando mi padre y mi hermano entraron en la cocina ambos dijeron:

-Wooow … sí que estas hermosa.

Me sonroje bastante y luego reí con ellos.

-Claro que esta hermosa siempre lo ha sido – dijo mamá dedicándome una cálida sonrisa.

-Vale, vale si siguen así me lo tomare en serio – me puse a reír como una tonta.

Entonces sonó una bocina, mis risas se ahogaron y me quede helada, el estomago me daba vueltas, ya era hora debía irme al instituto rodeada de extraños.

-Oh han llegado, vamos cariño debes irte.

-Claro, adiós a todos – dije rápidamente.

Salí lo más rápido que pude de casa sin siquiera reparar en mirar a quienes me esperaban mientras más rápido fuese mejor para mi, pensé. Al subir la mirada vi a tres chicos apoyados en un gran auto un BMW negro, mis ojos se fijaron en aquel magnifico auto que parecía sacado de un sueño, jamás había visto uno igual pero el auto quedo rápidamente opacado por aquellos tres rostros, Oh mi dios – me dije para mis adentros – sí que son guapos, parecen modelos sacados de algún anuncio, No, mejor que eso son “Ángeles”

Al acercarme vi que el que se encontraba en medio de los otros dos chicos empezaba a caminar en mi dirección muy amablemente me tendió su brazo para que lo entrelazara al mío, esto me desconcertó porque ningún chico había tenido un gesto parecido para conmigo.

-Gracias – dije nerviosamente.

-Buenos días principessa – dijo él en un acento extraño y con una sonrisa perfecta.

Sus ojos eran castaños, hermosos con un toque de picardía que casi los hacia reír por si solos, su piel blanca como lo tiza pero aun así era suave. Los cabellos parecían tan finos y delicados tenían un color dorado, imagine hilos dorados viendo sus cabellos, su estatura era media pero aun así parecía perfecto.

-Yo soy Stefan Lazareto Guzzini. Tú debes ser la pequeña Leticia.

-Sí- le dije, saliendo del trance en que me había hecho caer.

-Bueno Leticia ellos son William y Baltasar mis hermanos.

Casi con dolor deje de mirar aquellos hermosos ojos para dirigir mi mirada a sus hermanos. Solo quería seguir observando a Stefan, pero al ver a los otros dos chicos volvía caer en aquel trance, ambos eran hermosos al igual que Stefan – como no van a serlo si son hermanos- me dije a mi misma. Los salude a ambos con un simple hola y ellos respondieron igual.

William el mayor tenía una estatura media igual que Stefan, sus ojos eran negros como la noche te hacían sentir que caías a un vacio profundo y siniestro, su mirada era totalmente atenta y protectora, su piel era tanto o más pálida que la de su hermano, llevaba el cabello largo atado en una coleta y eran lisos de un color negro profundo que combinaba con sus ojos.

El chico a su lado más alto solo por unos centímetros deduje que era Baltasar, su piel era totalmente pálida pero perfecta al ver el contraste que se presentaba con aquellos rizos cobrizos que le colgaban de manera angelical. Sus ojos de un azul cielo te hacían estremecer de lo hermosos que eran su mirada trataba de comunicar algo ¿acaso era pena, odio, dolor? Sentí una necesidad enorme de querer tocarlo pero cuando el bajo su mirada de mis ojos lo hizo tan despectivamente que me desconcertó y me permitió volver a la realidad.

-Creo que ya todos conocen mi nombre, como yo el de ustedes y espero poder servirles de ayuda para que se acostumbren en el instituto.

-Si pudieras darme clases particulares no tendría problema en acostumbrarme al instituto – dijo Stefan con picardía.

Lo mire por un segundo y rápidamente baje mi mirada de la de él, mis mejillas empezaban a sonrojarse por no decir que estaban ardiendo, me delate sola.

-No le prestes atención a Stefan el es un tarado de fuerza mayor – dijo William con voz segura.

Nunca había escuchado a nadie hablar con tanta seguridad ni siquiera a mis padres eso me hiso pensar inmediatamente en que él era alguien muy serio y maduro.

-Oh no te preocupes no le he hecho caso.

-Bueno mejor nos vamos se nos está haciendo tarde- hablo William dirigiéndome una media sonrisa que dejaba relucir unos hermosos dientes blancos.

-Claro, vamos. ¿Dónde me siento? – pregunte al instante.

-Ve en el asiento del copiloto- dijeron William y Stefan a coro.

Todos nos miramos entre si y reímos como niños, aquellos no estaba resultando tan incomodo como yo pensaba al menos no para mi, cuando me di cuenta que éramos solo nosotros tres quienes reíamos mire a Baltasar y mi risa se cayó, él estaba rígido y distante, como si se hubiese ahogado en un mar de pensamientos donde cada vez se alejase más de la realidad.

Stefan lo miro y le dijo en tono de burla.

-He Baltasar ¿te has pegado una siestita?

Baltasar lo miro con cara de odio muy despectivamente y respondió.

-Déjame en Paz.

Subió rápidamente al coche y cerró la puerta con un fuerte golpe.

Sentí un profundo escalofrió mezclado con odio, este corría por mi cuerpo pero no era yo quien lo emanaba sino que era el sentimiento que hace unos instantes atrás había emanado de la mirada de Baltasar. Esto me asusto un poco porque desde hace muchos años que no sentía los sentimientos de otros, Yo sabía que tenía un sexto sentido por así llamarlo, cuando la abuela me lo había explicado dijo que mi percepción sobre el aura que recorría a las personas era muy suave en esos momentos pero algún día se desarrollaría completamente en mi y podría ser un gran recurso. Deseche rápidamente ese recuerdo y me estremecí.

-¿Estás bien?

-Claro Stefan.

-Stefan, no escuches a Baltasar tu sabes cómo se pone cada vez que nos mudamos a un nuevo sitio- dijo William intercambiando una mirada cómplice con Stefan, como si tratasen de esconder algo.

Stefan me abrió la puerta del carro para que yo pudiera acomodarme me subí sin decir una sola palabra y mucho menos me permití mirar a Baltasar, la reacción que había tenido con su hermano seria la nada misma comparado quizás con su repudio hacia mi persona.

Ya estando todos dentro del carro partimos de camino al instituto, me limite a mostrar el camino a William ya que el manejaba. El ambiente estaba muy tenso asique trate de relajarlo un poco pero no sabría si podría conseguirlo.

-Bueno y ¿en qué año están?-pregunte tratando de ser lo más normal posible y que no se notaran los nervios en mi voz.

-Yo y Stefan en último año, Baltasar en segundo año, Eloana en primer año, por ultimo Vladimir que está en tercero-contesto William dedicándome una sonrisa para alentarme.

-Perdón pero ¿no estás muy mayor para estar en el instituto aun?-pregunte esto porque a diferencia de sus hermanos, William parecía mucho mayor, tal vez un chico universitario demostraba la edad de mi hermana Emilia.

William rio.

-Bueno me tome un año de descanso por así decirlo y ahora estoy finalizando el curso.

-Ah y ¿Quién es Eloana?

-Ella es nuestra hermana, es la favorita de Baltasar- dijo Stefan riendo para sus adentros.

Justo cuando iba a preguntar dónde estaba y quien era Vladimir Baltasar se dirigió a mi. Esto me sorprendió.

-Eloana está en Italia junto a Vladimir nuestro otro hermano – al nombrar a este ultimo Baltasar me miro como si tratara de leer algo en mi cara.

-¿Y porque siguen en Italia? – pregunte rápidamente para que Baltasar dejara de mirarme tan fríamente y porque yo sabía que aquel nombre removía algo dentro de mí, principalmente porque la abuela había escrito de alguien con el mismo nombre.

-Están arreglando los últimos detalles familiares, además Eloana está terminando un curso y solo le queda este mes, por eso se ha quedado a cargo de Vladimir- dijo William

-Pues espero que les salga todo de maravilla.

Luego el tema cambio rápidamente ellos hicieron preguntas del instituto, los profesores y los alumnos en general. Reíamos casi a cada momento con William y Stefan por mis supuestas explicaciones de los alumnos ya que Baltasar no compartía ninguna de nuestras conversaciones, No sé porque pero incluso les conté sobre mi propia experiencia en aquel lugar, ellos me escucharon y preguntaban de vez en cuando detalles sobre los grupos de ese sitio. Nunca le había contado a nadie aquello pero con ellos era diferente, principalmente con William sentía que podía confiar en él, después de mucho tiempo me sentía yo misma.

-Bueno hemos llegado-dije a los chicos.

-Gracias por guiarnos-dijo Baltasar en tono serio y cortante. Bajo rápidamente del auto y se marcho entremezclándose con los demás alumnos que se encontraban en ese momento.

-¡Maldición! Sí que es un pesado. Adiós Leticia y gracias- hablo Stefan. El también bajo rápido del auto y salió disparado a buscar a su hermano.

-No te preocupes, el ha ido a buscar a Baltasar. Es un poco difícil para el esta situación Leticia pero se sinceramente que en el fondo no ha querido ser grosero contigo.

-Lo sé William, créeme que te entiendo al decirte que se lo difícil que es cambiar de ambiente y más aun cuando debes cambiar de continente pero bueno ¿me acompañas a clases?

-Claro será un honor.

¿Qué acaso nunca podría dejar de mirarlo? Era muy extraño todo esto a veces sentía que me trataba como una doncella, como en la época medieval, pero realmente sabia que me resultaba extraño porque él era extranjero. A pesar de parecer un chico muy serio William me caía muy bien, en esos pocos instantes que compartimos me sentía muy acogida por él como si nos conociéramos de años, pero sobre todo sentía que tenía un amigo.

Bajo rápidamente del coche y se acerco a la puerta del copiloto para ayudarme a bajar, me tendió su mano y sentí su piel suave pero fría al contacto con la mía era como tocar terciopelo me dije,
Salí del coche y cerré la puerta el puso su brazo alrededor del mío entrelazándolo como cuando un príncipe le ofrece su brazo a una doncella. Nos miramos y reímos juntos como dos niños de cinco años, era tan fácil reír con él. Empezamos a acercarnos al instituto y todo el mundo nos miraba, al principio esto me incomodo pero deseche rápidamente aquel pensamiento porque debía sentirme feliz de ir del brazo de alguien tan guapo y maduro como William.

-Creo que soy la envidia de los chicos de este lugar por entrar con la dama más hermosa de este sitio-me susurro al oído.

-Créeme es al revés- le solté riendo como una tonta. Ese simple comentario me había hecho estar nadando en las nubes.

Entramos juntos paseando por los pasillos y luego lo acompañe hasta la oficina de dirección para que recogiera su horario correspondiente a su año.

-Nos vemos a la hora de almuerzo – dijo William.

Yo solo fui capaz de asentir y me retire a mis clases. La primera hora era química con la Sra. Healey asique no fue tan trágico, luego historia contemporánea con Miller y por ultimo CALCULO que era mi suplicio, odiaba aquella clase. Sonó el timbre y agarre mi bolso para salir disparada al pasillo esperando encontrarme a William pero no fue así, me fui a zancadas (por así decirlo) a la cafetería todo iba bien hasta que me tope con Sam y sus monstruitos. Estaban molestando a una chica, intimidándola mejor dicho, cuando me fije en la muchacha me di cuenta que estábamos en Historia juntas, el Sr. Miller la había presentado, su nombre era Florencia… creo.

Me dio una rabia gigante al ver a ese trió intimidando a la nueva, no me lo pensé ni dos veces y me acerque a ellas llamando a Florencia como si fuéramos amigas de toda la vida.

-Hey! Flo ¿Dónde has estado? Te he buscado para que comiéramos juntas, como habíamos quedado.

Sam y sus arpías se me quedaron mirando con la boca abierta como unas bobas, entonces sam abrió su gran bocota y dijo:

-Ya veo porque no eres nadie, si solo te rodeas de gente antisocial. Vamos chicas no perdamos el tiempo con gente sin importancia.

Sam le dio un empujón a Florencia que la pobre se tambaleo, me dedico una mirada envenenada y sacudió esa cabellera rubia para que su melena golpeara en mi cara y siguió como si nada con Susan, la pobre de Erín se me quedo mirando con cara de disculpa y luego se fue al lado de Sam, en realidad ella era la única de ese grupo que valía la pena.

-Gracias por tu ayuda.

-De nada. Por cierto soy Leticia y estamos juntas en clase de historia contemporánea.

-Y en la de cálculo también- dijo ella apresuradamente.

-Oh, lo siento no me había fijado-dije casi con vergüenza porque me había dedicado toda la clase a pensar en William y ni siquiera puse atención.

-No te preocupes, soy nueva aquí y creo que no todos se fijan en mí- dijo tímidamente.

Me dieron unos deseos de abrazarla y decirle que seriamos buenas amigas para que no se preocupara de encajar en aquel lugar, pero la verdad no podía pensar mucho porque mi mente estaba absorta en una sola persona en ese momento… William. Me dije que lo mejor sería ser acogedora con ella asique la llevaría a comer con los chicos, tal vez le serviría saber que no era la única chica nueva por ahí.

-¿Bueno te quedaras aquí esperando algo o me acompañaras a comer?-le dedique una cálida sonrisa.

Ella me la devolvió y asintió caminamos juntas hasta la cafetería, pedimos algo liviano para comer ya que ninguna de las dos tenía mucha hambre, reímos cuando nos fijamos que habíamos pedido lo mismo para comer. A penas pagamos nuestros alimentos yo me puse a rebuscar entre la masa de adolescentes que nos rodeaba tratando de encontrar a William o alguno de sus hermanos.

-¿A quién buscas?

-A unos amigos, quedamos de sentarnos juntos para comer.

-¿Te refieres al chico de la coleta que nos está mirando?

-¿Ah?

-Ahí a tu izquierda hay un chico que nos está mirando mucho.

Instantáneamente mire a mi izquierda y ahí estaba él con su perfecta sonrisa, acompañado de Stefan mirándonos detenidamente. Les sonreí y empezamos a caminar hacia ellos cuando algo me tomo por el brazo. Era Cristian.

-¿A dónde crees que vas? – dijo con tono mandón.

Le mire furiosa y me zafe de su mano que trataba de detenerme.

-Voy a sentarme con mis amigos.

-No, tú te quedas aquí, nosotros somos tus amigos, tú eres mi novia y tienes que obedecerme.

-Déjame en Paz Cristian-dije casi en un grito.

Todo los que estaban reunidos en la cafetería nos miraban con la boca abierta. Florencia me miro desconcertada y luego a Cristian, pero al rato desapareció de mi lado, fue como si se hubiese esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Entonces sentí a alguien más a mi lado.

-Creo que la señorita quiere que la sueltes – dijo una voz muy seria que estaba a mi lado, la reconocí de inmediato a pesar de que no estaba muy familiarizada con aquella voz, era William.

-Tú no te metas Imbécil.

En un movimiento rápido Cristian le pego un puñetazo a William, este ni siquiera se retorció de dolor y fue cuando le devolvió el puñetazo, pero este fue Peor. Cristian callo de inmediato al piso con la nariz sangrando a chorro, Sam gritaba como una loca y William se pudo rígido al ver la sangre, esto no me preocupo demasiado porque tan solo al ver a todo el equipo de futbol levantarse con rapidez y mirarnos con furia me hizo reaccionar.

-¡Vámonos!

Cogí la mano de William y Salí corriendo de allí. Llegamos a la puerta trasera de la cafetería y corrimos como dos fugitivos tomados de la mano hasta la entrada principal, donde estaba su carro esperando con las puertas abiertas para que nos subiéramos y salir a volandas de ahí.

Sabía que si nos quedábamos en clases el director nos agarraría y nos expulsaría por lo que había pasado con Cristian. Tal vez para William sería peor porque él era nuevo y podrían echarlo del lugar.

-Wow ¿Cómo es que han salido tan rápido? – señalo Stefan sonriente.

-Creo… creo que ha sido… suerte- dije mientras mi respiración se acompasaba – ¿te han herido William?-pregunte al instante.

-No, no ha ocurrido nada, despreocúpate. ¿Tú te encuentras bien?

-Sí, gracias por ayudarme.

Sonreímos mutuamente y ambos miramos nuestras manos que seguían entrelazadas, rápidamente le solté la mano de una manera tierna para no ser brusca, pero él la volvió a tomar y la apretó más fuerte. Sentía mis mejillas ardiendo, William me miro con dulzura y entonces alguien hizo un sonido raro como aclarándose la garganta… ejem ejem!

-Creo que por hoy nos hemos salvado-dijo Florencia en un tono de broma.

-Flo ¿Dónde te habías metido? – pregunte recordando que la había perdido de vista.

-Yo la rescate- contesto Stefan en tono de burla.

-No es cierto, yo no necesitaba ser rescatada- dijo Flo algo molesta.

Mientras ellos seguían su pequeña discusión yo solo podía sentirme feliz por todo lo que me había pasado ese día, le importaba a William y eso era lo único que podía pensar. Entonces olvide todo lo demás.
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Cap.2: Inesperado.
Estaba amaneciendo cuando por fin volví a la realidad que era mi vida, sentía todos los músculos agarrotados por el mal dormir, me encontraba toda enredada entre las sabanas y con la misma ropa de ayer, me levante de un brinco para ir a tomar una ducha y poder despejar mi cabeza antes de irme al instituto.

Era increíble la nueva sensación que me invadía, después de tanto tiempo me sentía libre, sentía que podía hacer todo lo que quisiera sin tener que preocuparme de nada. Me di el ánimo de hacer mi cama, ordenar mi pieza, desayunar en familia, cosa muy rara que se diera en mí y partí al instituto.

Llegue a mi cárcel personal, eran las 8 de la mañana y ya todo el mundo estaba enterado de la patada que le había pegado a Cristian, todos me observaban como en el primer día de clases, odiaba sentir las miradas de todo el mundo y sobre todo de las chicas. Algunas de ellas me miraban con odio y otras con felicidad, porque les había facilitado el camino para llegar a él, según lo que ellas creían.

Me fui directo al baño de chicas, para poder tener un poco de intimidad y me encerré en una caseta, y entonces las oí.

-Pobre ilusa, si cree que se sentara con nosotras está loca, no la dejare.

Era Samanta con su grupo de arpías, desde el momento en que entre en su “mundo” me había odiado, no sé porque me tenia ojeriza pero en realidad nunca me importo mucho.

-Vamos Sam, no seas tan mala, después de todo ella ya es parte de nosotros – le decía Erín.

-Por favor Erín, no te pondrás de parte de ella o ¿sí? – dijo Susan con su voz nasal, era la más hueca de todas.

-No, se no me importa lo que piensen, solo sé que no permitiré que se atreva siquiera a acercarse a nuestra mesa.

Una sensación de rabia mezclada con ira me embargo, ¿Acaso ellas creían que estaría realmente tan interesada en su mundo superficial? Me arme de valentía y Salí de mi escondite, entonces me enfrente a ellas.

-Hola chicas - Les dije sin ninguna pisca de resentimiento, aunque por dentro podía sentir el vomito verbal. Samanta me miro con cara de pocos amigos y las otras dos chicas solo imitaron su expresión, eran tan tontas que imitaban todo lo que ella hacía.

-Primero, te advierto que hoy no recurras a sentarte en nuestra mesa, porque te correré a patadas si es necesario y en Segundo lugar no vuelvas a dirigirnos la palabra.

-Oh, no te preocupes no pensaba sentarme junto a ustedes, no quiero que se me pegue la estupidez.

Me di media vuelta y Salí casi corriendo de ahí, todavía no podía creer lo que había hecho, Yo había insultado a la chica más popular de todo el instituto, guau se sentía genial haberla puesto por fin en su lugar. Salí al pasillo y aun podía sentir los gritos de Samanta que provenían del baño de chicas – Me las pagara, juro que me las pagara – la oía gritar, mientras sus amigas trataban de tranquilizarla.

De pronto me encontraba de nuevo como la primera vez que había cruzado la puerta de ese instituto, sola, sin amigos y sin siquiera tener a alguien con quien hablar – será como la primera vez, solo debo estar en calma- me dije a mi misma, tratando de convencerme.

Había terminado el horario escolar y Salí prácticamente corriendo hacia la libertad. Me sentía completa, con ganas de ir a todos lados, por primera vez en mucho tiempo tenía tiempo para mí.
Llegue de muy buen ánimo a casa, bese a mi madre y me senté en mi puesto para la cena, hoy había preparado mi plato favorito arroz con pollo a la mostaza. Olía tan bien que me permití servirme un segundo plato, mi madre me miraba cada cierto tiempo, con una chispa en los ojos.
Adivine de inmediato, esa chispa la conocía muy bien, sabía que algo se traía entre manos.

-Hmm… - se aclaro la garganta. Automáticamente mi padre y mi hermano se levantaron de la mesa y partieron al living. Sabía que algo pasaba y debía ser algo grande para que mi padre nos hubiera dejado solas.

-¿Qué sucede mamá? – le dije directamente para que fuera al grano.

-Bueno como tú sabes, la casa de la abuela ha estado deshabitada por mucho tiempo, con sus recuerdos y cosas intactas, tal y como ella las dejo. Me preguntaba… bueno, si tu… emmm.

-Ve al grano, por favor – me asuste de inmediato cuando empezó a hablar de aquella casa, tan solo quedaba a unos 15 minutos de la nuestra, había sido mi refugio de niña cuando venia de vacaciones y cuando hablo acerca de ella la nostalgia me invadió. Sentía terror del solo hecho de que quisiera venderla.

-Con tu padre hemos tomado la decisión de arrendarla.

Un alivio instantáneo recorrió mi cuerpo, fue como si me hubiesen sacado un peso enorme de encima.

-Ah – le dije.

-Quería que lo supieras de inmediato, porque se cuanto adoras esa casa. Pero mañana debemos ir a desalojar las cosas de la abuela, hay que limpiarla y ordenarla para sus nuevos inquilinos.

Cuando dijo que debíamos retirar todas las cosas de la abuela, sentí miles de cuchillas atravesar mi cuerpo. Yo había mantenido aquella casa intacta, sin que nadie moviera ninguna cosa de su lugar, por supuesto ya todo debía estar cubierto de polvo, pero aun así sentía un dolor enorme al saber que tendría que sacar todos aquellos hermosos recuerdos de allí. Dolía casi como si me estuvieran torturando. Una lagrima instantánea broto de mis ojos.

-Oh, cariño sé que esto es difícil, pero es un ingreso que será útil para la familia, aparte la casa está en perfecto estado y nadie la ha ocupado ya hace unos 3 años.

-No, está bien mamá, lo entiendo, solo que me duele un poco saber que tendré que retirar las cosas de la abuela. Pensé que quizás manteniendo sus cosas intactas, podría estar más cerca de ella.

-Mi cielo, no te pongas triste, ya verás como todo irá bien.

-Sí, claro mamá. Puedo retirarme, es que estoy cansada.

-Claro cariño, ve a descansar.

Me levante rápidamente y empecé a subir las escaleras, di un último vistazo a mi madre que me miraba al pie de la escalera con una expresión preocupada y casi como si quisiera hacer lo posible porque yo no me entristeciera mas.

Cerré la puerta e inmediatamente puse el pestillo, mire sin ganas hacia la mesita de noche y ahí estaba brillante y hermoso, casi como si fuese algo vivo esperando a que yo lo tomara en mis manos. En estos momentos era lo único que podía permanecer intacto, ese precioso collar escondía un gran secreto que yo ni siquiera imaginaba.

Me puse a mirarlo cuidadosamente, nunca me había detenido a observarlo, siempre lo miraba y lo encontraba hermoso, pero jamás me había fijado en sus finos detalles. Y ahí estaba como por arte de magia, una inscripción en un idioma que nunca había visto en mi vida. Trate de recordar en mis vagos recuerdos si la abuela alguna vez me había hablado de aquella inscripción o algo que pudiera llevarme a saber lo que significaba, pero lo único que recordaba era que ella decía – mi pequeña, algún día el llegara a ti, como por arte de magia, al igual que los secretos que esconde este símbolo.

Cuanto deseaba que ella estuviera aquí para que pudiera responderme todas las preguntas que pasaban por mi mente. Sabía que si le preguntaba a mi madre, ella me diría que dejara de fantasear y hurgar en el pasado. En realidad mi madre nunca había prestado demasiada atención a las historias o el pasado que envolvía a su familia, ella solo no prestaba interés.

Nuevamente me dormí aferrada al collar, ahora con una nueva incógnita que sentía debía descubrir. Esa noche soñé con mi abuela y podía ver pasar las fotografías que ella me mostraba de mis antepasados, no quería despertar pero podía sentir la mañana acercarse.

Desperté con ganas de nada, mi madre me había gritado desde temprano que me levantara porque necesitaba que la ayudara a sacar los muebles de la casa de la abuela.

Era una hermosa mañana de día sábado, muy soleada para mi gusto pero de cierta manera era un lindo día. Nos encaminamos a la casa de la abuela para poder organizarlo todo, en un par de días todo debía quedar limpio y ordenado para los nuevos inquilinos, que según mi madre llegarían este lunes.

La verdad no estaba tan intrigada por saber quiénes eran los que llegaban a habitar aquella casa, solo quería llegar y poder entrar para poder recordarla por última vez de esta forma, llena de las cosas de mi abuela.

-Bueno, hemos llegado – dijo mi madre al estacionarlos frente al jardín.

-Ok, ¿vamos?

-Claro – dijo mamá.

Saco las llaves de su bolsillo y abrió la puerta, apenas entre sentí el olor a madera que había en la casa, fue como si hubiera retrocedido en el tiempo y me viera corriendo por las escaleras hacia el cuarto de la abuela para poder registrar sus cosas.

Nada había cambiado, para mí este seguía siendo mi refugio, pero ahora ese refugio dejaría de ser mío, para ser el refugio de otra persona.

-Leticia por favor presta atención a lo que te digo – me dijo mi madre. Fue como si mi cuerpo estuviese a su lado, pero mi mente estaba a kilómetros de distancia de aquel lugar.

-Perdón mamá, ¿Que me decías?

-Llévate estas cajas a la pieza de tu abuela y guarda sus cosas aquí. En un lugar pon las cosas que quieres conservar de ella y en la otra pon las cosas que podemos donar. Guarda solo lo
indispensable.

-Está bien.

Subí rezongando las escaleras, la verdad es que si fuera por mi guardaría hasta el polvo que había en la habitación de mi abuela, pero sabía que si mi madre estaba ahí, iba a inspeccionar el trabajo que me había asignado asique me dedique a guardar lo principal.

Guarde los viejos álbumes de fotos, algunas de sus prendas favoritas que aún conservaban su olor, su espejo y cepillo para el cabello, y sobre todo, algo que era un tesoro para mi, su diario. Jamás me había atrevido a sacarlo del lugar en donde ella lo ocultaba, nunca me permití leerlo, tal vez ahora había llegado el momento de conocer más de ella, de lo que nadie nunca podría llegar a conocer.

Las primeras páginas hablaban de su juventud y de lo hermosa que era su vida después de haberse casado con el abuelo, después venían la historia de los nacimientos de sus hijos de sus nietos y bisnietos, pero luego hubo una página a la mitad de su diario que llamo mi atención, ella le había puesto el titulo de Vladimir.

-Leticia, Leticia, respóndeme – ¿has terminado ya?

-No, aun no mamá. ¿Por qué? ¿Qué ocurre? – le grite casi sin aliento, me había sumergido tanto en las páginas de ese antiguo relato, que cuando sentí el sonido de la voz de mi madre me sobresalte.

-¿Podrías continuar mañana? Es que se hace tarde para preparar la cena, ya deberíamos estar en casa. Me grito escaleras arriba.

-Bueno – le grite, en un abrir y cerrar de ojos guarde el diario en mi morral y baje corriendo las escaleras.

-Vamos – le dije.

-Bueno, solo déjame cerrar con llave cariño.

Cuando llegamos a casa mi padre ya había preparado algo, su especialidad, fideos con salsa; con mamá nos miramos y nos pusimos a reír cuando vimos que no es esperaban con todo servido.

-Valla que sorpresa – dijo mi madre, fingiendo que no le importaba demasiado.

-Quisimos que descansaras de la cocina, además hoy ambas tuvieron mucho trabajo limpiando la casa de la abuela, no podíamos ser tan desconsiderados – dijo mi padre con una sonrisa de autosuficiencia.

Después de haber lavado los platos de la cena, partí directamente a mi habitación agarre el morral casi como una loca y saque rápidamente el diario de la abuela. Y ahí estaba esperando.
No estaba segura de si debía o no leerlo, la abuela nunca me había contado de alguien llamado Vladimir y me sentía como si estuviera violando su privacidad. Pero ahí estaba Yo casi sin poder respirar de la agitación que me provocaban esas páginas que llevaban años sin ser leídas.

Me sentía como un ladrón robando dentro de una casa teniendo miedo de ser descubierto en cualquier instante, pero yo sabía que eso no pasaría. Me senté en mi cama y procure relajarme antes de ponerme a examinar aquellas páginas, me sentía tan nerviosa que se me puso la piel de gallina. Sabía que era estúpido tener ese tipo de reacción, es solo un diario me dije a mi misma.
Lentamente abrí el diario justo en la pagina que llevaba ese nombre, me puse a leerlo eran solo un montón de anotaciones, ni siquiera era una historia que siguiera algún parámetro como la de la abuela y el abuelo, solo eran anotaciones pero a pesar de ello tragaba cada página con mi mirada. Por alguna extraña razón me sentía tan conectada con él, sentía que le conocía de algún lugar.

Hasta que llegue al final y solo habían unas fechas y debajo de ello decía: “Leticia cuando leas esto ya serás mayor y yo no estaré aquí para explicártelo, solo el podrá, pero debes esperar el momento en que vuestros caminos se crucen, por ahora solo busca el cofre ahí encontraras respuestas”

Cerré el libro de golpe y lo lance contra la pared, me sentí aterrada al leer esas palabras, era como si mi abuela me hubiese descubierto que lo leía. No, ella sabía que algún día lo leería.
El corazón me latía a mil por hora, había una extraña sensación en mí, no solo por lo que leí al final del diario sino porque no sabía nada de ese Joven del cual ella hablaba, nada excepto que ella esperaba que yo me encontrase con él, cosa que sería imposible, porque el debió vivir hace muchos siglos atrás.

Tal vez en sueños me encuentre con él, pero luego deseche aquel pensamiento, era estúpido pensar en ello, quizás solo quiso inventarme una última historia, para nunca dejar de soñar, me dije.

Pensando de esta forma me deje caer en un profundo sueño.

A la mañana siguiente me sentía fatal, ni siquiera tenía ánimos de ir a limpiar la casa con mamá, pero ya le había dicho que si asique no me quedo de otra que volver allí.

Llegamos a la casa y ya solo nos quedaban unas cuantas cosas por recoger, sin mencionar que debía limpiar todo el ático, me daba una flojera tremenda pero tenía que hacerlo o sino mamá se enojaría conmigo. Por un milagro terminamos de asear la casa y partimos de regreso a la nuestra, cenamos y luego cada uno se fue a dormir a sus respectivos cuartos.

Ya era Lunes por la mañana, día de Instituto, me levante con poco animo el día anterior me había dejado agotada y peor aun el solo recordar que hoy mamá entregaría las llaves de la otra casa me daba dolor de estomago. Partí a mi cárcel personal y el día entero transcurrió de lo más normal.
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Cap.1 : Pensamientos.
Ahí estaba Yo empezando otra aburrida mañana de instituto, era la alumna promedio, con una vida promedio y aburrida. Lo único que me hacia un poco más interesante era que mi novio era el chico más popular del colegio, todas las chicas trataban de entablar conversación conmigo solo porque querían acercarse al mundo de súper popularidad en el que estaba sumergida, en realidad no tenía ninguna verdadera amiga si eso servía de algo, pero al parecer eso no importaba mucho cuando se trata de mi.

Desde que mis padres habían cambiado de país, a estados unidos siendo más específicos, por temas económicos yo había tratado de ser la misma de siempre, mi padre tenía un buen trabajo en Indianápolis ciudad central de indiana, la verdad yo no recordaba mucho de mi estadía en mi país de origen ya que era muy pequeña, mi hermana recordaba un poco mas pero no me servía de mucha ayuda ya que no éramos tan apegadas y menos ahora que ella se había ido a la universidad, pero bueno desde hace dos años mi vida se había convertido en un completo asco (según yo) a mi padre lo habían trasladado a Delaware por una nueva sucursal que habían abierto, para ser más específicos llegue a la ciudad de Dover, en el condado de Kent. Es un lindo lugar y muy tranquilo.

Estaba tan sumergida en aquella atmosfera que ya ni yo misma me reconocía, de hecho ni siquiera sabía que esperar de mi, había cambiado mucho desde que llegue a esta ciudad, de ser la chica rara (pero feliz) que le gustaba la mitología, lo mágico y lo prohibido, había pasado a ser la Novia del chico guapo de la ciudad. Para cualquier chico había pasado desapercibida pero para el No, en su momento me sentí especial, pero ahora todo era monótono se había convertido solo en rutina una rutina que se hubiese terminado si hubiese tenido el valor de hacerlo, pero el solo hecho de pensar que podía herir sus sentimientos me hacia estremecer de culpa. Lo quería pero ya no de la misma forma, ahora él para mí era más un amigo que un novio.

Cristian era muy guapo, siempre lo había visto como algo inalcanzable para alguien como yo, por eso cuando me pidió que fuera su novia al principio lo rechace por miedo a que solo fuera una apuesta, pero luego me di cuenta que realmente estaba interesado en mí.

Todos los días era lo mismo, nos encontrábamos en la mañana en la esquina del instituto nos besábamos como muestra de un saludo, caminábamos a clases y me dejaba en la puerta de mi sala, a la hora de colación nos sentábamos juntos en la mesa de “los populares” llena de gente tan superficial que casi me mataba del aburrimiento, luego me conducía guiada de su mano de vuelta a clases hasta que llegaba el fin del día y me llevaba a casa, donde se quedaba hasta tarde conmigo, ambos sentados en el living conversando o solo viendo televisión. A veces me preguntaba porque habíamos cambiado tanto, llegados a un punto que ya no me parecía el chico interesante y jovial que había conocido hace dos años atrás.

Mi madre por supuesto estaba orgullosa de que hubiera encontrado un chico tan centrado y responsable, para ella el solo hecho de que yo le planteara la idea de dejar de ser su novia era horrorosa.

-Nunca encontraras a alguien tan bueno como el – dijo esta mañana.

-Lo sé mamá, pero es que no estoy siendo justa con mis sentimientos, a veces no sé si quiero estar con él realmente.

- Mi niña no seas tonta, todas las parejas tienen crisis, y más aun cuando son jóvenes e inmaduros como ustedes. Vamos vete al instituto o llegaras tarde.

Tenía la impresión, no, mejor dicho estaba segura de que mi madre creía que aun era una niña pequeña que debía ser guiada por ella para tomar la decisión correcta. Me molestaba que pensara esto de mi, ¿Qué acaso no se daba cuenta que ya había crecido? ¿No entendía que yo era capaz de ser madura y tomar mis propias decisiones?

Sonó el timbre y ahí estaba el esperándome en el pasillo con sus ojos Pardos tan grandes, que casi podías perderte en su profundidad, pero esto ya no me emocionaba tanto como la primera vez que los había visto.

-Hola amor, ¿cómo te fue en tu clase de Ingles?

-Pésimo, realmente estoy segura que el ingles no es lo mío. Y ¿Qué tal te fue a ti?- le pregunte más que nada por tener algún tema, porque ya sabía la respuesta, siempre era la misma.

-Bien, como siempre.

Y ahí acababa todo, de vuelta a la rutina y al suplicio de cada día.

Llegue a casa muy cansada, lo único que quería era estar sola asique le dije a Cristian que fuera a casa o saliera con sus amigos, que necesitaba estudiar para el Quiz de ingles que se presentaba la próxima semana.

Subí corriendo las escaleras y le eche el pestillo a la puerta, no quería que nadie me molestara y menos mi madre, ella me bombardearía con sus preguntas de porque no está Cristian hoy en casa y otras más, que solo el hecho de tener que darle respuesta me daba dolor de estomago. Mi madre podía ser muy posesiva a veces.

De pronto me encontraba sola, después de mucho tiempo estaba sola, había tenido tantas ganas de estar sola para hacer las cosas que hacía antes en mi tiempo libre, pero ahora en realidad no tenía ni la menor idea de que haría, asique pensé rápido y me dirigí a mi librero para escoger algún ejemplar para leer. Entonces miro a mi izquierda y encuentro ahí la cajita azul con unas estampadas rosas de color plateado, dejo inmediatamente el libro que automáticamente cae al suelo y la tomo, sentí un montón de emociones recorrer mi cuerpo, sentí como la primera vez que la había tocado ya hace 10 años atrás aproximadamente, cuando mi abuela Ivonne me la había regalado – cuídala bien- me había dicho, nunca dejes de soñar o esperar que algo inesperado te suceda.

Miles de recuerdos vinieron a mi memoria y las lagrimas brotaron enseguida recorriendo toda mi cara y dejándola empapada en melancolía. Sentí tanta añoranza de ella, la extrañaba tanto que incluso el dolor había vuelto a hinchar mi corazón. Me permití otra vez volver a la realidad y abrí aquella pequeña caja, llena de recuerdos familiares, joyas, interminables cartas y fotografías, pero lo principal era aquel hermoso y delicado collar del cual colgaba el escudo de nuestra familia, había estado desde 1810 en la familia y había pasado de generación en generación, la abuela siempre me contaba aquella historia cuando era pequeña, decía que cuando tuviera la edad suficiente aquel collar seria mío y todo lo que venía con el también seria mío.

Jamás entendí que había tratado de decirme con eso, pensé en algún momento que la vejez ya la había afectado demasiado y que soñaba despierta, pero pronto deseche ese pensamiento. No me gustaba pensar en ella como una anciana loca, a mi madre nunca le había gustado la cercanía que había entre mi abuela y yo, decía que me llenaba la cabeza de cosas que jamás ocurrirían en la vida real, que debía ser realista y no una soñadora.

Entonces comencé a pensar en mi vida después de que ella había muerto y me di cuenta de que cuando ella murió también murió la magia en mi, fue como si una parte de mi se hubiese ido con ella, ahora me daba cuenta que necesitaba que esa parte volviera a mi vida, pensé que cuando Cristian había aparecido en mi vida el llenaría esa parte que faltaba en mí, pero ahora me daba cuenta que había estado cegada por mi necesidad. El nunca llenaría ese vacío porque yo no estaba realmente enamorada de él solo sentí estima por él, había creído que el envolvería mi vida de magia y color, pero no, el no haría eso.

Ahora estaba segura de la decisión que debía tomar, sabía que no podía seguir mintiéndome ni mintiéndole a él con respecto a mis sentimientos, ya no podía seguir con esa farsa. Tome mi chaqueta y Salí corriendo de casa con el collar en la mano, aferrándome tan fuerte a él cómo me aferraba de la misma forma a la decisión que había tomado y estaba a punto de concretar.

No sé en realidad como fue que llegue a casa de Cristian, toque rápidamente a la puerta, pero nadie me habría entonces recordé que el dejaba siempre una llave de emergencia escondida detrás del masetero que adornaba la entrada. La tome sin pensarlo y abrí la puerta.

-Cristian, ¿estás en casa?

Me dirigí rápidamente al living, porque sentí un ruido. Cuando me encontraba ya dentro de la habitación veo a Carla y a mi novio, hasta esos momentos, besándose apasionadamente.

Me aclare la garganta y pregunte - ¿Cuándo pensabas decírmelo? – sentía que el alivio me invadía, reía en mi interior, la situación era tan cómica.

Ellos miraron hacia mi dirección y con la consternación impresa en sus rostros, rodaron hasta caer del sillón, ambos con una cara de vergüenza que no podían ni siquiera mirarme a los ojos.

-Yo puedo explicártelo todo Leticia, déjame explicarlo- dijo él, con una angustia casi que desbordaba mis ganas de reírme en su cara.

-No, para antes de que digas algo mas déjame hablar a mi – le dije, sin siquiera saber muy bien como comenzaría con mi discurso.

-¿Ah?

-Cristian, desde hace ya algún tiempo, me he dado cuenta que las cosas entre nosotros no van bien… y… quiero que terminemos. Esta situación se ha vuelto insostenible para mí.

-No, por favor no me digas eso, esto solo fue algo pasajero, ella no significa nada para mí.

Mire a la pobre chica que estaba a su lado con una cara de enfado y pena, la compadecía, me compadecía, ¿Cómo podía haber estado con un chico el cual se burlaba no solo de mí, sino de todas las chicas que ocupaban el papel de “segundona”?

-¿Cómo puedes decirme esto después de lo que acabo de ver? ¿Cómo puedes decir eso en frente de ella? ¿Qué acaso no te importan sus sentimientos? Mira entiende que no te recrimino nada, pero solo quiero que esto acabe y poder ser feliz.

En ese momento la chica me miraba como si quisiera correr y abrazarme por tratar de defenderla.

-No quiero que esto acabe – dijo él con una cara que casi parecía cómica frente a la situación.

-Pues yo si – le dije, me di media vuelta y Salí corriendo de allí.

Cuando llegue a casa mi madre estaba esperándome con una cara de pocos amigos, entonces caí en la cuenta de que él había llamado para hablar con mi madre, pensó que ella podría hacerme entrar en razón como siempre lo hacía, pero esta vez era diferente ya no me dejaría llevar por lo que ella quería que yo hiciera. Ahora era yo quien tomaba las decisiones.

-Ven aquí jovencita – dijo con su voz mandona.

- ¿Qué quieres mamá?

-Cristian me ha telefoneado, ¿cómo es eso de que has cortado con él?

- Pues sí, he cortado con él. Y eso que.

- ¿Cómo que y eso qué? Acaso no te das cuenta del error que cometes, el te quiere y se preocupa por ti, no cometas el error de votarlo solo por un capricho.

-Madre no seas melodramática, el fue solo un novio del instituto un chico que se cruzo en mi vida, nada más que eso, ahora si me permites me voy a mi cuarto.

Para mí la conversación ya había acabado, pero sabía que ella no lo dejaría hasta ahí y apenas me diera la vuelta se pondría histérica y me lanzaría un montón de cosas en las cuales tendría que pensar. En realidad la relación con mi madre siempre había sido así, creo que ella tiene miedo a que algo malo me suceda, algo que está en mi destino y ella solo está tratando de cambiar.

Me di media vuelta para dirigirme a mi cuarto y por primera vez en la historia de mi vida no me dijo nada, solo se quedo ahí, enmudecida y pensando. Al ver esa reacción me di vuelta otra vez y la quede mirando, esperando alguna cosa, una pregunta o una respuesta.

-Bueno creo que ya no puedo influir sobre ti, pero entiéndeme solo quiero que seas feliz – dijo con la mirada perdida, como si sus recuerdos la hubiesen llevado a algún lugar muy lejos de mi.

Me quede helada al escuchar sus palabras, fue como si por fin ella y yo nos conectáramos desde hace mucho tiempo que no sentía una sensación así con mi madre.

Me acerque a ella y la abrase lo más fuerte que pude, ella me devolvió el abrazo con una delicadeza y sentí por primera vez su amor; ese amor que escondía, nunca supe porque mi madre escondía sus sentimientos y creo que nunca lo sabré.

-Perdón mamá no quise hacerte enfadar – le dije mirándola a los ojos.

- No, perdóname tu a mí, mi niña creo que ya no eres la pequeña de mami, ya eres toda una mujer, que sabe hacerse respetar. Solo pensé que ese joven era una buena elección para ti.

- Está bien mamá, no estoy enojada por lo que me dijiste.

Nos volvimos a abrazar fuertemente y Subí corriendo a mi cuarto. Ahí me encerré y me quede tendida en la cama, pensando y mirando aquel hermoso collar que escondía miles de secretos e Historias de mi familia. Luego de unas cuantas horas me dormí y fui inconsciente de lo que pasaba a mí alrededor.
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Sinopsis
¿Tu vida puede convertirse en una pesadilla? ¿La verdadera prosedencia de tu linaje no era lo que tu creías? ¿Y si te dijesen que los Vampiros existen? o ¿Que el Hielo y el Fuego pueden complementarse? ¿Qué pensarias?

La vida de Leticia parese tan simple y aburrida que mientras más tiempo pasa, más se desvanece su verdadera personalidad. Cambios drasticos le depara el destino la llegada los Lazareto sera preponderante en su vida.

Una historia desconocia y oculta, la razon de su existencia esta por salir a la luz. La orden la quiere MUERTA mientras la resistencia la nesesita VIVA , Ella es "Una Luz en la Oscuridad"
Un Mundo oculto, un linaje de Sangre Real pero sobre todo la lucha entre la vida y la muerte.
Ademas de tener que soportar la carga que le ha sido encomendada por sus generaciones pasadas, debera escoger entre dos seres diferentes ¿Su corazon podra resistirlo? ¿Se vera tentada a seguir la esperanza en la Luz o la Codicia en la Oscuridad? ¿Podra elegir a tan solo uno como su mitad, sabiendo que ambos le pertenecen y ella a ellos?

La clave esta en su pasado, escrita en su presente y llena de misterios en su futuro, la sangre que fluye por sus venas lleva la historia tatuada en su piel ... el Hielo y el Fuego se complementaran en un solo ser.
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Welcome AGAIN!
Sí, sí ... soy una RESAGADA DE LA VIDA... bueno la cosa esta así, deje el Blog por Motivos que NO tengo por qe explicar solo puedo decir qe fueron Personales y q obviamentee
Yo solita me los cree, pero como sea la cosa es qe lo retome, poke cierta voz q tengo PEGADA aora a la oreja me obligo un poco y tambien pk ya he dejado, perdido y Jodido mxas cosas en este corto tiempo para seguir jodiendo mas asike ¿pk no retomar mil cosas q deje de lado?

Bueno Chicos empezare desde el Principio kjajkakjakkja ... uno a uno ire subiendo los capitulos de la ya TAAAN LARGAA historia k tengo Hielo y Fuego y bla bla bla...
Sorry por andar tan Pesadilla pero tengo los nervios de punta!! Síp pk estoi medio adormilada, y ando de mal genio... pero ya se me pasara, siempre se me pasa... (segun Yo)!

Otra cosa, cambie el Blog y no kise retomar la direccion anterior porke no me dio animo, prefiero empezar de CERO ... a veces nos hace bien!!
Ya ya ya... se qe los estoy lateando asike aki les subire la sinopsis y de apoco ire reanudando Todo... Gracias por SU PACIENCIA y por ser COMO SON! y aguantar a esta cabezotaa Loca!


Besos Acaramelados...

Caro!
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  • Tic - Tac ...

    ¡Fuera Los plagios!

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