Cap.10: Sucesos Inesperados.
Sentía como el viento azotaba los arboles cercanos, como las hojas se movían desesperadas tratando de llevar susurros a la fría noche, la luna mi fiel compañera brillaba en lo más alto hermosa y esplendorosa, su luz era lo único que calmaba a mi agitado corazón. Llevaba 3 noches enteras en vela, sin poder si quiera cerrar los ojos y dormir unos instantes, estaba aterrada por todo lo que había pasado la noche del viernes en el baile de principios de curso. Aun podía sentir como sus labios se amoldaban a los míos, como todo mi ser se estremecía al contacto con su piel, esa era la parte bonita de la noche del viernes pero después venia lo peor estaba totalmente desconcertada primero por la muerte del Sr. Lerner y después por ese lapso de oscuridad que me había envuelto.

Le recordaba perfectamente, recordaba el frío a mi alrededor como todo se ponía en un ambiente tenso, la puerta del otro extremo del pasillo abriéndose, las voces de William y Baltasar hablando a Caleb que me sacara de ahí y sobre todo recordaba la oscuridad, una oscuridad infinita, me hallaba en tinieblas abandonada sin ser alguno a mi alrededor, sin vida. Así me sentía al recordar aquello, sentía que mi vida se extinguía tenia terror de lo que me ocurría o podría llegar a ocurrir, sabía que algo malo pasaba. Ya era hora de empezar a arreglarme para el instituto estaba un poco ida asique decidí salir de mis pensamientos y evocarme a tratar de arreglar el desastre que era mi rostro, estaba horrible mi piel que había sido de un lindo color durazno, estaba pálida y apagada, mis ojos estaban marcados por unas ojeras gigantes que dejaban entrever a una chica con una mirada de miedo, mis ojos marrones estaban atemorizados.

Me duche y empecé a ponerme mi loción favorita de fresas, mientras me arreglaba pude ver que mi collar no se encontraba donde lo había dejado la ultima vez de hecho no estaba por ninguna parte, me puse a buscarlo desesperada por la habitación, debajo de la cama, en la mesita de noche, en el closet, en la cajita azul, por todas partes pero simplemente no estaba se había esfumado como por arte de magia. Me termine de vestir rápido, cepille mi cabello y lo ate en una coleta, baje desesperada las escaleras y vi a mamá.

-Mamá ¿has tomado tú el collar de la abuela?

-¿Ah?

-¿Qué si has tomado el collar de la abuela? estaba en mi mesita de noche, y pues ahora ya no está – dije con histeria en la voz.

-Oh cariño debe seguir ahí, nadie ha entrado en tu cuarto más que tú además no puede haber desaparecido así como así de la casa.

-¡Pero mamá es el collar de la abuela!

-Leticia te he dicho que no he tomado ese estúpido collar, ya basta.

-¿Cómo dices eso? Argh!! Te odio.

Salí de la casa dando un portazo enorme, ¿Cómo podía ser tan indiferente? ¡Como podía serlo! ¡Era el collar de su madre, de mi abuela! – gritaba en mi fuero interno. Estaba muy ofuscada me cargaba que registraran mis cosas y después se hicieran los desentendidos, seguramente mientras mamá buscaba la ropa sucia en mi cuarto lo tomo o tal vez Frederick se metió a mi cuarto, estaba segura que fue durante el día ya que en la noche yo estaba despierta asique nadie podía haber entrado sin que yo lo viera ¿o tal vez si entro? ¿Quizás alguien entro sin que yo me diera cuenta? Esta sola idea me aterraba, sabía que algo extraño pasaba pero no tenía idea de lo que era.

Debía llegar pronto al instituto quizás Baltasar podía darme respuestas, sabía que no era algo tan grave pero si alguien se había metido a mi cuarto y si no fue alguien de mi familia, él debía saberlo. No quería alarmarlo demasiado, solo que estuviera al corriente por eso esperaría a verlo en el instituto, siempre que quisiera podría ir a su casa eso lo tenía claro pero la verdad es que preferiría no toparme con William, todavía me afectaba la tensión que teníamos.

Iba demasiado absorta en mis pensamientos que no me fije en que ya me encontraba en el umbral de la puerta principal del instituto hasta que oí la voz de la arpía de Sam hablando con sus amigas.

-¡Ahí chicas William Lazareto es un dios! Realmente es lo mejor que hay en este lugar créanme fue súper atento conmigo, reíamos todo el tiempo y… - hablo Sam mientras me daba un empujón.

-¿Y qué? Dinos Sam no nos dejes con la intriga- hablo Susan.

-Pues yo les contesto chicas. Nada, así de simple, su estúpida amiga les está haciendo creer que paso algo entre ella y William Lazareto pero la verdad es que él se fue a casa conmigo y sus hermanos y dejo a la tonta e ilusa de Sam esperando – hable con rabia.

Esa arpía me las pagaría.

-¡Ja por favor! Sí, es cierto se fue contigo pero luego regreso a buscarme, hay niña si supieras lo ingenua que eres por eso el se aburrió de ti, por tu ingenuidad y torpeza, al igual que Cristian lo hiso, ellos buscan una mujer no a una niña – hablo Sam regalándome una sonrisa de suficiencia.

Susan me miraba de forma burlona, pero Erín me miraba de forma compasiva como si el dolor que yo sentía ella también lo hubiese sentido antes. Me dio un coraje, podía sentir la rabia como venía a mi cuerpo y también podía sentir la pena, las lagrimas iban a desbordar mis ojos, entonces ocurrió algo que jamás me había pasado; pequeñas corrientes de electricidad se sentían en mis dedos, fueron creciendo hasta llegar a toda la palma de mi mano, toque a Sam y esta se desplomo en el suelo, agitándose y chillando del dolor.

¡Dios! ¿Que había hecho? ¿Qué fue eso? Erín y Susan trataban de calmar los espasmos de Sam mientras que yo las miraba horrorizada por lo que allí ocurría ¿Acaso yo era la culpable de aquello? El pasillo se empezó agolpar de gente, todos hablaban de lo que estaba pasando mientras yo estaba inmóvil de pie junto al retorcido cuerpo de Sam, los demás solo me miraban con una rara expresión y me señalaban.

-¡Que le has hecho maldita! ¡Bruja! – grito Susan.

-Yo… yo no le he hecho nada, yo solo la toque y ella se retorció.

-¡Bruja! ¡Esta celosa! No es culpa de Sam que ningún chico en este lugar te tome en serio – volvió a gritarme Susan.

Todos escuchaban los gritos alocados y las blasfemias que me decía Susan, mientras Samanta se retorcía llena de espasmos, Erín solo me miraba preocupada. Entonces vi la cara de William con dolor, lleno de preocupación ¿acaso estaba preocupado por Sam? ¿Era cierto que le quería a ella? Mi corazón se reprimió y quise llorar de la rabia, entonces otra vez vinieron las pequeñas descargas de electricidad a mis manos. William se acerco a Sam y la puso entre sus brazos como si acunara a un recién nacido, los espasmos empezaron a disminuir y su cuerpo empezó a relajarse, esta imagen me enojo aun mas, las descargas ya no solo estaban en mis dedos sino que se extendían por todo mis brazos, vi que Baltasar se apresuraba hacia mí y reaccione, Salí corriendo de ahí para que nadie me encontrara, debía estar sola, necesitaba estar sola, si alguien volvía a tocarme mientras sentía esas descargas magnéticas en mi cuerpo podría hacerle daño a alguien.

¿A dónde iría? ¿Con quién lloraría? ¿Qué me sucedía? ¿Por qué sentía esas mini descargas? ¡Acaso era un fenómeno! ¡Acaso me estaba volviendo loca! Las lagrimas empezaron a salir por montones, sentía frío, me sentía sola después de mucho tiempo me volvía a sentir sola. Llegue a la plazoleta que se estaba convirtiendo en mi refugio, me tumbe en el pasto mojado y llore como nunca antes lo había hecho, saque todo lo que tenia dentro, la pena por recordar a mi abuela y su collar, llore por el miedo que sentía por las cosas extrañas que estaban sucediendo a mi alrededor, por no poder volver a hablar con William, por no haber confiado en Baltasar y contarle lo del ángel y sobre todo lloraba por él, por ese estúpido chico, el ángel destructor de mis sueños él que me había besado con desesperación el pasado viernes, él que quizás nunca volvería a ver.

Mi corazón se ilusionaba cada vez que pensaba en él, mi mente desvariaba entre la razón y la desesperación de no tenerle.

Ilusa ¡como lloras por un chico que apenas conoces! Como derramas lágrimas por un estúpido chico, tú no eres así Leticia Camile Bertoglia, tú no eres una llorona – pensé o quizás sí lo era. Suspire al cielo y me di cuenta que el sol estaba sobre mí, pero una sombra cubría mi cabeza, era un chico, Caleb susurre.

-Creo que deberías volver al instituto, no está bien que pierdas clases y menos que una señorita tan linda derrame lagrimas por una estupidez – dijo dedicándome una cálida sonrisa.

Era una de mis sonrisas favoritas, una de las que de verdad me hacían sentir segura. Había olvidado lo segura y tranquila que me sentía con Caleb, había olvidado su apacibilidad esto me hiso sonreír sin esfuerzo alguno.

-Lo mejor es que me aleje de las personas, ya viste lo que paso con Sam ahora todo el mundo tendrá miedo de acercarse a mí.

-Yo no.

Respondió con voz firme y se empezó a acercar más de lo necesario, lo tenía a menos de un centímetro de distancia, podía escuchar su respiración como cambiaba de estar tranquila y acompasada, para volverse desbocada y entrecortada. No podía negar que mi cuerpo quería besarlo, Caleb era un chico muy guapo era perfecto pero no lo suficiente, entonces el ángel vino a mi mente y a mi corazón, estaba imaginándomelo cerca. Rápidamente aleje a Caleb de mí.

-¿Cómo me has encontrado? – pregunte tratando de salir de esa situación.

-Sabia que estarías aquí, es como un sexto sentido, siempre se donde estas – dijo riendo mientras ponía un mechón de mi pelo detrás de mi oreja.

-Ja ¡que gracioso! ¿Recuerdas que fue aquí donde nos conocimos?

-Cada segundo de mi vida – contesto él, cambio rápido la dirección de sus pensamientos y dijo – creo que mejor nos vamos al instituto, ya es tarde el descanso se nos está acabando.

Solo asentí, me ayudo a pararme para dejar atrás toda mi tristeza y rabia. Ahora que había sacado todo lo que estaba dentro de mi corazón me sentía más ligera, sentía que el día transcurriría de forma más fácil, o al menos eso creía. Llegamos justo al toque de campana para entrar a nuestras siguientes clases, Caleb iba al aula de historia y yo al aula de literatura, asique nos despedimos en el pasillo con un beso en la mejilla. Golpee a la puerta pero la clase ya había comenzado asique tendría que esperar los 15 minutos reglamentarios para poder entrar, esa regla era totalmente estúpida pero no podía hacer nada, en vez de lamentarme me puse a pensar en todo lo que me había ocurrido aquel día y en todas las cosas extrañas que me rodeaban; de repente vino a mí como un estallido eléctrico un recuerdo, recordé que cuando hablaba con Baltasar el me confesó que tenía un don para manejarlo todo, humores, sentimientos y auras, quizás el sabría lo que me había ocurrido hoy el tendría una respuesta, podría manejar mi aura y sentir aquellas descargas ¿o no? Esperaría hasta la hora de almuerzo para preguntarle y salir de dudas, estaba segura que él me ayudaría.

La profesora me abrió la puerta para dejarme entrar solo me miro y creo que por la pinta que traía no me dijo nada, me senté en el primer asiento frente al mesón del profesor no tenía ni ánimos ni ganas de mirar atrás para sentarme con Florencia, todos cotilleaban pero no sabía porque la verdad no le di importancia ni a los cotilleos, ni a la clase, estaba demasiado sumergida en mis pensamientos y en como empezaría mi conversación con Baltasar a pesar de que el confiaba en mí y yo en el las cosas siempre eran extrañas con él.

Por fin termino la aburrida clase (bueno siempre me había gustado pero esta vez se había hecho eterna) puse todos mis libros en el morral y Salí pitando de ahí, sentí como Florencia gritaba mi nombre pero la verdad no tenía tiempo para hablar con ella debía encontrar a Baltasar de inmediato en la cafetería o fuera de alguna de sus clases. Llegue a su clase de biología pero no se encontraba en el salón, asique me apresure a la clase de Eloana quizás estuvieran juntos pero tampoco estaban ahí asique me dirigí a la cafetería seguro estaban ya haciendo la fila o esperando para comer. Entre rápidamente y hice la fila que estaba súper larga, todos me observaban y hablaban bajito para que no los escuchara pero yo sabía que hablaban de lo que había ocurrido con Sam no preste mucha atención sería lo mejor, me compre un jugo de naranja, una ensalada de frutas y un brownie mi favorito con chispas de chocolate, me acerque a la mesa despacio y tratando de verme lo más normal posible debido a lo ocurrido esta mañana no quería verme como la loca del instituto.

Iba con la mirada gacha y aun pensando en lo que hablaría con Baltasar, levante la mirada y me petrifique ahí estaba él sentado con mis amigos y las personas que quería, mi ángel demoniaco, el verdugo de mis sueños, sus ojos verdes me miraban con un brillo de ¿misterio? ¿Desesperación? ¿Picardía? Mi bandeja se deslizo de mis manos y lo único que sentí por segundos las chispas electromagnéticas de nuestras miradas y mis manos que emitían ondas eléctricas a todo mi cuerpo haciéndome temblar.
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2 Responses
  1. damaris Says:

    aiiiiii odio a sam
    es tan mala
    bueno este capitulo esta muy triste en
    algunas partes pero me encanto que
    al final se encontrara con el demonio jaja
    porfa sigue escribiendo
    esperoo la proxima entrada

    besos


  2. *andrea* Says:

    ...como me a dolido cuando william cogio a sam
    espero que mas adelante pase algo bueno con leticia y william por que no soporto ver a la arpia de sam.
    :D


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