Cap.8: Discusiones, Secretos y Citas.
Llegamos a la cafetería, tenía claro que Florencia iría a sentarse con Stefan y que William estaría en aquella mesa, tal vez esa sería la oportunidad para conversar. Debía hacerlo de alguna forma asique trate de no darle tantas vueltas al asunto, me prepare para decirle todo lo que pensaba acerca de él y de sus actitudes para conmigo. Cada vez nos acercábamos más a su mesa pero algo extraño pasaba ya no la ocupaban dos personas sino que cuatro, Baltasar se sentaba al lado de William y a su costado se hallaba una muchacha; no debía tener más de 15 o 16 años era totalmente perfecta, hermosa en cada ángulo que se le mirase, rubia de cabello largo que le llegaba a la cintura, unos ojos grandes de color azul cielo como los de Baltasar, su mirada era cálida y sincera, la piel del color de la tiza se veía tan suave que daba miedo tocarla, su sonrisa era como la de William casi tanto o más atrayente. Era una diosa.

-¡Hola! ¿Tú eres Leticia no? – me pregunto aquella chica.

-Sí, soy Leticia perdón pero ¿Quién eres?

-¡Oh chicos! ¿Cómo no le han hablado de su maravillosa hermana a Leticia? – dijo en tono de reprimenda.

-Claro que le hablamos de ti, pequeña entrometida – contesto Stefan mientras acariciaba el cabello de Florencia.

Ellos estaban totalmente sumergidos en sus miradas, Stefan en la de Florencia y ella en la de él. Por el contrario Baltasar solo miraba a aquella joven y por lo que había escuchado ella era su hermana menor, Eloana, aquello realmente estaba muy raro, Baltasar no le miraba como una hermana sino que como si fuese lo único importante, como si ella fuese su razón de vivir. Y ahí estaba él, William con su mirada perdida sin siquiera dedicarme una sonrisa o un simple hola, esto sería peor de lo que pensaba, más cuando había tanta gente en aquella mesa. Me dedique a ser simpática y dirigirme la mayor parte del tiempo a la nueva chica, trataría de ser lo más sociable posible.

-Asique tu eres Eloana, pues gusto en conocerte ¿Cuándo llegaste?– le dije sentándome al lado de William, como si nada hubiese pasado entre nosotros.

-Pues sí, esa soy yo, la pequeña y linda Eloana. Llegue este lunes pero hoy me incorpore a clases – dijo ella sonriente.

-Querrás decir la pequeña entrometida – volvió a repetir Stefan.

Todos nos miramos y reímos, trate de mostrarme lo más indiferente posible a William y estuve a punto de conseguirlo pero algo ocurrió. Me tomaron por el brazo, me petrifique, creí que era aquel chico de nuevo, sentía como todo me daba vueltas William noto mi reacción y casi por arte de magia se paro y aparto de un empujón a la persona que me había tomado del brazo. Casi me sentí aliviada al principio pero después me arrepentí, no era aquel ángel destructor sino que era Caleb, mi supuesto nuevo mejor amigo.

-¡Oh Caleb! – exclame.

Me pare rápido para ayudarle a incorporarse, después de todo se lo debía. Mire a William con recelo y me apresure a ver si Caleb tenía alguna herida o algo, sabía que estaba exagerando pero prefería cerciorarme por mi misma. William me miro desconcertado.

-¿Oye que te pasa? – le dijo él a William.

-Que acaso no te fijas que las ha asustado, aléjate de ella – hablo William con una voz imponente, como si yo le perteneciera.

-No es cierto - dije – no me ha asustado tú has sido el que lo empujo sin razón. Además no tienes porque decirle que se aleje de mí.

-Ahí por favor Leticia deja de fingir ¿quieres? Sé que te ha asustado, lo vi en tus ojos.

El tenia razón, me había asustado pero solo porque yo pensaba que era otra persona y no el simpático de Caleb, pero él no se saldría con la suya no después de haberme ignorado todos estos días. Él no era nadie para decirle al resto que se aleje de mí. Podía sentirlo, sentía como el vomito verbal iba a salir.

-No interpretes nada de lo que veas en mis ojos, no te metas en mi vida, no tienes porque decirle a las personas que se acerquen o se alejen, no tienes derecho sobre mí… Tú que me has ignorado todos estos días, que ni siquiera has sido capaz de decirme que no quieres ser mi amigo para así yo poder quedarme en paz conmigo misma y no recriminarme que yo soy la culpable de todo. Tú no sabes nada de mi William Lazareto asique ¡Déjame en Paz!

Se lo solté, le solté todo lo que había guardado durante estos días, me sentía tan bien al haberle dicho todo lo que pensaba, me había quitado un peso enorme o al menos eso sentía por el momento.

Agarre todas mis cosas y tome la mano de Caleb que me miraba atónito; en todo caso no era el único, todos me miraban con el asombro marcado en los ojos, todos menos Baltasar. Era como si él hubiese sabido todo el tiempo que aquello iba a pasar, pero en realidad en este momento me importaba un comino lo que el resto pensara. Procedí a salir de ahí mientras William solo articulo dos palabras.

-Leticia perdón – fue lo único que salió de su boca.

Me dirigí al pasillo aun con la mano de Caleb entrelazada a la mía, el solo me seguía sin decir nada, podía sentir la presión de su mano cuando yo ejercía más presión sobre la de él. Entonces me desplome, las lagrimas salieron anegadas, mi vista se había nublado completamente yo solo quería llorar por la rabia contenida en mi cuerpo. Una reacción inesperada de parte de mi acompañante, mejor dicho no inesperada sino que me sentí asombrada frente a aquel abrazo; sentía sus brazos tan firmes rodear mi cuerpo, el apoyaba su mentón en mi cabellera y yo ocultaba mi rostro en su pecho. Me sentía en paz, aquel chico me hacía sentir protegida. Lloraba como una niña cuando le quitan su muñeca favorita.

-¡Vamos cielo, llora! Desahógate todo lo que quieras.

Me llevo fuera del instituto, caminamos un poco hasta llegar a la plazoleta que se encontraba a unas cuantas cuadras y nos recostamos en el pasto, yo apoye mi cabeza en su pecho mientras él me acariciaba suavemente los hombros. No sé cuánto tiempo estuve llorando, quizás fueron horas pero podía sentir que la rabia y la pena se apaciguaban en mi corazón; por fin estaba lista para hablar, lo primero que dije fue una niñada pero sabía que Caleb reiría después de aquella horrible situación por la que le había hecho pasar en su primer día de instituto.

-Creo que tendré que regalarte una nueva camisa, esta ha quedado arruinada por mis estúpidas lagrimas… aparte de todo aquello, ya debes odiarme – le dije con una voz más tranquila.

-No seas tonta, jamás podría odiarte y por la camisa no te preocupes, tengo otras- dijo él en tono burlón.

-¿Qué ha pasado con aquel chico? ¿Porque te ha dejado de esta forma? ¿Qué te ha hecho?

-Me ha rechazado – susurre.

-Es un tonto al haberte rechazado, eres la mujer más hermosa del planeta. Espera que se las verá conmigo.

-No te burles Caleb, además yo sola me ilusione con la posibilidad de ser amigos o algo más.

-En primer lugar no me burlo, eres hermosa y en segundo ¿él te gusta mucho no? – dijo en tono triste - La verdad me gustaba bastante pero por su forma de ser conmigo, con el sentía que por fin tenía un verdadero amigo, podía ser yo misma, pero todo quedo reducido a cenizas y lo peor es que no sé porque.

-Tranquila pequeña, ya verás como todo se calma y pueden volver a hablar.

-Gracias – susurre.

Sentí como su pecho se hinchaba. Entonces me acomode hasta llegar a su hombro izquierdo, el me abrazo, yo solo cerré los ojos y suspire. Con Caleb todo era tan apacible, lo conocía apenas hace unas horas atrás pero le quería. Caí media inconsciente, en un sueño tranquilo a su lado, podía sentir como acariciaba mi cabello, mis pómulos, mi nariz, mi mandíbula, mi cuello y luego mis labios; su dedo índice no se separo de mis labios, trazaba líneas en ellos una y otra vez, como si quisiera recordarles por siempre. Y sucedió, en un solo segundo sentí sus cálidos labios sobre los míos, todo mi cuerpo se crispo, me desperté de un salto y lo aleje de mí.

-¿Qué has hecho? – hable asombrada.

-Lo siento Leticia es que no podía más – respondió el avergonzado.

-Esto no está bien Caleb, apenas y nos conocemos además no deberías haberme besado ¡Yo no quería!

-Lo siento pequeña, perdóname por favor.

-¿Sabes? Creo que lo mejor será que me vaya, se ha hecho bastante tarde- dije tratando de suavizar esa incómoda situación, le había tomado mucho cariño a Caleb pero yo no deseaba que él me besara. Tal vez le he dado una mala impresión – me dije a mi misma.

-Leticia por favor discúlpame, no he querido hacerlo sin tu consentimiento.

-Pues si ese hubiese sido el caso no lo habrías hecho – le dije algo ofuscada – lo mejor será que me vaya y no te preocupes por mí. Adiós.

Se quedo ahí viendo como me paraba y me iba. A pesar de todo no me había enojado tanto con él, pero de veras que con aquel estúpido beso las cosas habían cambiado un poco, hubiese sido tan distinto si William, en vez de Caleb, me hubiese besado hace algunos días atrás. Suspire al cielo mientras caminaba de regreso a casa. Se había oscurecido bastante tenía claro que mi madre debía de estar preguntándose donde estaba, peor si había llamado a Florencia para preguntar si me encontraba en su casa.

Llegue a casa a eso de las 8 de la noche, lo más extraño era que no había nadie en casa, ni mamá, ni papá, ni siquiera estaba el hostigoso de Frederick. Me fui rápido al cuarto de baño para tomar una ducha caliente, mi cuerpo lo necesitaba casi con urgencia, asique empecé a llenar la tina mientras iba a buscar mi toalla. Me quite la ropa y me metí a la tina, oh dios se sentía tan relajante, por fin sola me dije a mi misma. Después de haberme aseado y relajado fui a mi cuarto a ponerme el pijama, de repente mi habitación estaba fría como un cubo de hielo, procedí a vestirme lo más rápido posible para ir a comer algo, baje las escaleras. Cuando entre en la cocina pegue un grito ahogado, vi una sombra horrenda de espaldas a mí parada junto a la puerta, trate de ocultarme dentro del armario que estaba cerca, para que aquella cosa no se fijara en mí – aunque sería un poco difícil con el grito que pegaste Leticia – pensé.

Tenía miedo, podía sentir como mis músculos se contraían, primero había sido aquel chico de mis sueños en la mañana y ahora esto; algo raro me estaba pasando, lo sabía, lo peor era que solo yo veía aquellas cosas todos me tomarían por una loca si les contaba, todos menos una persona, alguien que si se había preocupado por la visita del ángel, Baltasar. Trate de salir sin hacer el menor ruido, la sombra seguía en el mismo lugar, me dirigí a la puerta de la calle y Salí pitando de casa, sabía que tal vez Baltasar no me haría mucho caso pero al menos debía intentarlo.

La casa de la abuela quedaba como a 15 minutos, me apresuraría lo mas que pudiera para llegar hasta allí, el miedo me estaba consumiendo, mi corazón se aceleraba con cada latido hasta que por fin llegue, la casa se veía tan iluminada, no la recordaba de esa forma desde que la abuela se había ido era tan frustrante saber que al entrar ahí de nuevo ella ya no me estaría esperando. Golpee la puerta como una histérica, la verdad no tenía ni la menor idea de que pinta traía pero no me importaba, lo único que quería era poder hablar con la única persona que había creído en mis delirios, mientras golpeaba la puerta la luz de uno de los cuartos se apago rápidamente y pude ver a alguien escondiéndose entre las cortinas. William pensé.
Por fin me abrieron la puerta, era un hombre muy alto y como de unos 36 años hermoso como todos los demás de su familia, en realidad no sabía quién era pero no me importaba lo único que quería era a Baltasar. Me miro algo asombrado y por fin me hablo.

-Buenas noches ¿Qué desea? – hablo en tono muy educado.

-Disculpe la interrupción pero necesito hablar con Baltasar, es urgente.

-Claro, pase por favor.

Me hizo pasar dentro de la casa, estaba tan cambiada, la habían remodelado completamente pero se veía realmente mágica. Parecía una lujosa casa sacada de catalogo. Me senté en el sillón de la sala mientras él me pasaba una manta.

-Creo que lo mejor será que te abrigues, ahí afuera hacía mucho frío, tus labios están morados – me dijo el sonriendo. Tenía la misma cálida sonrisa que William y Eloana. Su padre pensé.

-Gracias – dije mientras me enrollaba dentro de la manta. Hasta ese momento no me había dado cuenta que en realidad tenía mucho frío.

-Iré por Baltasar, me dices tu nombre por favor.

-Soy Leticia.

El señor me miro algo esperanzado y asustado, en realidad se fue inmediatamente a buscarle, como si al decir mi nombre hubiese provocado alguna reacción extraña. Tal vez el ya sabía de mi, por los chicos - me dije.

Llegaron al instante me asuste al verlos a todos ahí rodeándome, no solo estaba Baltasar, sino que William, Stefan, aquel hombre y Eloana también. William se acerco a mí con el dolor marcado en el rostro, me abrazo tan fuerte que pensé que me iba a romper al sentir sus brazos rodeándome. Se separo rápidamente y hablo. Los demás solo observaban.

-¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?

-Perdón William pero quisiera hablar a solas con Baltasar – dije en tono cortante.

Él me miro con más pena y dolor, la verdad es que a mí me dolía más decirle aquello, pero no era posible poder entenderle y él no me creería si le contaba lo sucedido. Debía dejar de tratar de ser amiga de William el no me había dicho nada, pero entendía que quería mantenerme lejos, por eso me extrañaba sus reacciones.

-Claro – dijo él.

Todos procedieron a irse y me dejaron con Baltasar. El se acerco a donde yo estaba sentada y me tomo la mano como lo había hecho esa vez que habíamos hablado en mi casa, sentí tranquilidad al fin. Le sonreí y a pesar de que no éramos amigos, de hecho yo pensaba que él me odiaba, me tire en un abrazo hacia su persona. Río junto conmigo, me sorprendí de todo eso.

-Lo siento – le dije separándome de él.

-No te preocupes, además no estás aquí para pedir disculpas o ¿me equivoco?

-Pues la verdad no. Baltasar necesito que me creas, por favor. Sé que nunca me has soportado pero de verdad necesito que creas en mí, creo que me estoy volviendo loca – dije en tono triste.

-Leticia no es que no te soporte, es que tu no me haces caso cuando te he advertido, eres una chiquilla muy terca, pero no estás aquí para hablar de esto asique te escucho – lo dijo con tanta seguridad que al fin le solté todo.

-Debo empezar por la vez que soñé con mi ángel o debería decir mi demonio, es horrible, fue horrible la sensación de desesperación que sentí Hoy, luego esta aquella sombra que vi hace unos momentos atrás en casa… pensé que me iba a morir del miedo. Y no se...

-ALTO – dijo él – ¿de qué hablas? Explícate Leticia.

-Aquel ángel del que yo hablaba en mis sueños, se me apareció Hoy en la mañana en carne y hueso, me dijo cosas muy extrañas, sentía pánico de estar cerca de él pero no por lo que ocurría sino porque le deseaba, lo quería junto a mí, quería que me tocara, que me besara con desesperación. Luego está el tema de que él quería beber mi sangre, pensé que estaba jugando cuando dijo aquello entonces le dije que ya había bebido demasiado en mi sueño su cara se helo y solo me miraba desesperado y ahora aquella sombra que hay en casa, estaba histérica Baltasar, nunca me habían ocurrido cosas tan extrañas, sentía que si no salía rápido de casa, algo malo me pasaría. No sabía a quién recurrir y luego recordé que tu habías sido el único que creyó en mi… y pues vine a buscarte – dije sincerándome con él, lo máximo posible.

-Leticia, no debes volver hoy a tu casa, no hasta que sepas que pasa ahí – dijo en tono sombrío.

-¿Qué? Pero que les digo a mis padres ¿Dónde quieres que me quede?

-Aquí – contesto él.

-Baltasar no puedo, la situación con William se me hace insostenible, como quieres que me quede en su casa, además no se qué pasa en casa y mis padres se enojaran si no me ven. Creo que jamás sabré que pasa en casa.

-Yo sí, Leticia te contare un secreto, pero debes jurar que jamás lo revelaras.

Aquello realmente se me estaba yendo de las manos, yo sabía que podía confiar en Baltasar, de hecho por eso lo había ido a buscar, pero no entendía porque. Ahora el me diría el motivo.

-Leticia, tengo un don, puedo controlarlo todo. Cuando digo todo es todo, sentimientos, actitudes, reacciones, incluso puedo distinguir el aura de las personas. Yo puedo saber que ocurre en tu casa.

-¿Hablas en serio?

-Sí, se que te parecerá una locura pero es la realidad. Nadie debe saberlo.

El me miraba como si esperase una reacción de asombro o ridiculez, la verdad yo igual esperaba esa reacción, pero en realidad yo siempre había sabido eso, en el fondo yo sabía que Baltasar era especial y quizás sus hermanos también. Por ahora solo podía creerle.

-Está bien, te creo. De hecho creo que siempre lo supe, pero ahora no es momento de hablar de aquello, debo echarles una muy buena mentira a mis padres. Además se supone que es un secreto y de los secretos no se puede hablar- le dije sonriente.

-Gracias – dijo él.

-¿Cómo le digo a mis padres? ¿Qué les digo?

-Creo que deberías llamarle a Florencia y decirle que si tus padres llaman les diga que te quedaras a dormir ahí por un trabajo para el instituto. Luego llamas a tus padres y les dices que dormirás en casa de Florencia, por un trabajo.

-Pero no me dejaran, los conozco, además mañana hay instituto y no tengo nada para ponerme, no puedo faltar Baltasar – dije caprichuda.

-No te preocupes, Eloana y mi madre, Camile pueden prestarte algo de ropa.

Lo mire algo ofuscada, pero después de todo el plan no estaba mal, la verdad no quería volver a dormir en casa, al menos por hoy. Estaba aterrada por lo que sea que me estuviese pasando.

-¿Mamá? Soy Leticia.

-Leticia Bertoglia ¿dónde te has metido?

-Lamento preocuparte pero me quedare a dormir aquí en casa de Florencia, debemos terminar un informe importante para mañana no te enojes ¿vale? – trate de sonar lo más convincente posible.

-mmm… ¿estás segura que estarás en casa de Florencia?

-Sí mamá.

-Bueno si es por un trabajo para el instituto, está bien puedes quedarte, nos vemos mañana cariño.

-Okey mamá, buenas noches.

Colgué rápido para que no siguiera con el interrogatorio y me dirigí de nuevo al sillón donde ahora estaba Baltasar y Eloana.

-Listo, se lo trago.

-Bueno eso está pero muy bien creo que eres una buena mentirosa – dijo Eloana regalándome una de esas sonrisas que me recordaban a William.

-¿Dónde dormiré? – pregunte.

-Pues conmigo – dijo Eloana – te encantara mi cuarto es precioso. Aunque no es el mejor pero aun así está bien.

Y claro que tenía razón, el cuarto de Eloana era precioso, dormía en el antiguo cuarto que ocupaba mi hermana Emilia cuando íbamos de vacaciones allí. Tenía una cama estilo medieval, muy grande con un cobertor de color blanco invierno, un hermoso closet sacado de la época medieval junto con un tocador y su banquito, encima de este había un espejo y cepillo muy antiguo de plata pura. Entrar en aquella habitación era como entrar a un mundo paralelo de magia, me sentía una verdadera doncella del siglo XVI. Ella me sentó en su banquito frente al tocador y empezó a desenredar mi cabello con aquel cepillo de princesa; me sentía extraña, por momentos pensé que ella no era una chica de 15 años, parecía más bien una mujer adulta que cepillaba el cabello de una hija o una hermana.

-Estas hecha un Lío ¿no? – pregunto ella.

-La verdad si, lamento que tengas que dormir conmigo hoy.

-Oh no seas tonta, me encanta la idea a veces me aburre pasar tanto tiempo con puros Hombres, hoy será diferente podremos ser como hermanas – hablo mientras cepillaba mi cabello.

Al ver el contraste de mi pelo castaño con sus pálidas manos me recordaba lo distinta que éramos, ella era hermosa mientras que yo era solo una típica adolescente mediocre.

-Vez has quedado hermosa, como una verdadera princesa.

Cuando mire en el espejo, me sorprendí de mi propio reflejo, ella había trenzado mi cabello de una forma extraña, que se usaba hace siglos atrás, realmente me veía bien. Luego de eso me paso un camisón de seda blanca con encajes, muy bonito para que pudiera cambiármelo; mi ropa estaba hecha un lio, la verdad que el pantalón de mi pijama estaba completamente sucio. Me lo puse sin siquiera reclamar. Entonces Eloana me miro y sonrió.

-Ven, vamos para que los chicos te vean.

-¿Qué? No, estás loca. Como vas a mostrarme en camisón, se supone que voy a dormir no a exhibirme.

-Ah Leticia no seas niña, además todos deben ver lo hermosa que eres.

Me empujo fuera del cuarto para arrastrarme por las escaleras, estaban todos abajo. Stefan estaba junto a Baltasar en el sillón, el señor de la puerta estaba de pie al lado de una mujer de unos 34 años igual de hermosa que todos los que se encontraban en aquella habitación y ahí estaba William mirando al piso sumido en un mar de pensamientos.

-Les presento a la nueva y renovada Leticia – hablo Eloana, como si presentara a su más grande obra.

Todos me observaban con el asombro marcado en el rostro, como si hubiesen visto a un fantasma. Sentía como mis mejillas se iban poniendo rojas de la vergüenza ¿Qué les pasaba? ¿Tan mal me veía? Además ¿solo estaba en pijama, no era la gran cosa?

-Perfecta – dijo William, me miraba como si le recodara a alguien.

-Lo sabía, sabía que te verías hermosa en pijama – sonrió Stefan haciéndome una broma.

-Bueno creo que Leticia está harta de sus miradas, mejor será que te presentemos a el resto de la familia – dijo Baltasar dirigiendo una mirada hacia mí – ellos son Alistar y Camile, nuestros padres.

-Gusto en conocerte Leticia – dijeron ambos al mismo tiempo.

Les devolví el saludo con una sonrisa, ellos luego se excusaron que estaban muy cansados asique subieron a dormir. La verdad no podía concentrarme porque la mirada de William era realmente absorbente, era como si cada partícula de mi ser hubiese sido absorbida por su mirada, a los instantes él se retiro asique trate de controlar mi nerviosismo. Rápidamente le dije a Stefan que quería hablar con él, asique nos acercamos al sillón para poder hablar. Le había prometido a Florencia que iría con Stefan al baile de este viernes, asique debía cumplir mi promesa fuese como fuese.

-Stefan yo quería pedirte algo – comencé.

-Alto, sé que soy irresistible – dijo burlándose – pero sí creo que me invitaras al baile te digo que No porque Florencia es mi prioridad, mañana se lo pediré.

Casi me leyó el pensamiento, realmente me sentía aliviada porque él la llevaría por su cuenta y no porque yo se lo hubiese pedido como un favor.

-No seas tonto, yo solo iba a pedirte que invitaras a Florencia al baile y pues me has facilitado el trabajo. Jamás iría contigo. Pero debo preguntarte ¿porque no se lo pediste antes?

-Pues porque quería que se desesperase un poco – dijo el guiñándome un ojo. Reí como una estúpida.

-Eres un tarado lo sabes ¿no?

-Claro que lo sé, por eso te caigo tan bien.

-Tienes razón, me vuelves loca… no se qué haría sin ti – le dije tirándome en sus brazos mientras los dos reíamos.

-Oye y tú ¿con quién iras? – pregunto él.

-Con nadie, yo no iré al baile además ni siquiera tengo un vestido, ya está muy encima para poder encontrar uno.

-¿Entonces aun no tienes pareja? Cool

-No no la tendré, como te dije ni siquiera tengo un vestido.

-Yo puedo ayudarte, además tengo que comprar el mío – salto Eloana.

Realmente Stefan tenía razón al decir que era una entrometida, siempre estaba pendiente de todo lo que pasaba a su alrededor, pero me caía bien. La mire y negué con la cabeza, ella solo asintió y se quedo conversando con Baltasar en el otro lado del salón.

-Stefan, puedo preguntarte algo.

-Claro pequeña.

-¿William ya tiene pareja?

-No lo sé, pero creo que sí – contesto muy serio.

-Oh… - fue lo único que pude articular. La expresión de mi rostro cambio drásticamente.

-No te pongas así Leticia, se que ustedes están peleados pero William es muy terco.

-No te preocupes, no me afecta. Bueno pues ya es tarde creo que lo mejor será que vaya a dormir.

Eloana me tomo del brazo y subimos rápido a su cuarto, me arropo como una madre arropa a su pequeña hija y caí rendida. Mi sueño fue apacible pero a pesar de todo sentía que alguien me observaba tal vez realmente estaba paranoica.


Ya era de mañana, Eloana me despertó muy suavemente con su melodiosa voz, me senté en la cama, mientras miraba como ella sacaba ropa del closet escogiendo entre millones de blusas y jeans. Me recordó a mi hermana cuando estaba horas buscando algo para ponerse.

-Bien esto será perfecto para ti – dijo cuando yo volvía de la ducha.

Me paso unos jeans rasgados y una blusa azul de hombro caído, tendió unos accesorios en el tocador y me sentó para arreglarme.

-Alto, deja al menos vestirme.

-Está bien pero no te demores – dijo con emoción en la voz.

La verdad ya estaba pensando que ella me creía su muñeca de porcelana que vestía, peinaba y llevaba a todos lados, lo peor era que yo era de tamaño real asique quizás que haría conmigo. Me vestí rápido en el baño de su cuarto y Salí, ni siquiera me dedique a mirarme en el espejo; me volvió a sentar en el banquito del tocador para ahora arreglar mi cabello. Lo desenredo por partes, después trenzo unos mechones de mi cabello, para crear Diminutas trenzas de distintos anchos que arrancaban desde la frente y luego mi cabello castaño caía por detrás con grandes ondas que me llegaban hasta la cintura; puso unos chiches que tenían mini orquídeas alrededor de mi pelo. Me maquillo con colores marrones suaves, un poco de brillo en los labios y estaba lista. Me veía hermosa, la blusa azul me encantaba, la piel de mi hombro de color durazno se veía bien con el contraste de la blusa.

-WOW me has convertido en toda una modelo – le dije bromeando a Eloana.

-Claro, solo necesitas arreglarte mas y tener presente que eres guapa.

Reímos juntas y luego ella se fue al baño a cambiarse, cuando termino bajamos al salón a esperar a los chicos para irnos todos juntos al instituto. Baltasar estaba abajo junto a otro joven a su lado no sabía quién era porque él estaba de espaldas, se dio vueltas y mire la cara de Caleb. Me sorprendió verle ahí más aun tan temprano y junto a Baltasar.

-¿Caleb? ¿Qué haces acá?

-Leticia creo que lo mejor es que hables con él y se vayan juntos al instituto, por lo que he podido conversar con él, tiene que hablarte – dijo Baltasar sonriendo.

¿Baltasar me sonreía? Okey sabía que nuestra relación había mejorado un poco pero nunca pensé que a tal grado que él me tratara como una amiga o algo así. Realmente esto estaba raro, pero no me importaba mucho, no sabiendo que en realidad debía hablar con Caleb asique solo asentí y salí por la puerta de camino al instituto.

-¿Qué hacías aquí? ¿Cómo me has encontrado?

-No te enojes vale, pero Stefan me ha hablado esta mañana.

-¿Qué Stefan hizo qué? – realmente estaba sorprendida, no entendía que tenía que ver Stefan en todo esto.

-Pues nos hemos conocido entre clases y me ha caído muy bien, aunque su hermano es un pesado, jamás pensé que les conociera y menos que te gustara el tal William. Bueno como te decía, yo le comente a Stefan que me gustaría ir al baile pero como no conocía a nadie más que a ti, no sabía cómo preguntártelo y el dijo que averiguaría si tu ya tenias pareja o no.

-Alto – dije – ¿tú le hablaste de mí?

-Sí es que pensé que tal vez el te conocía y yo… pues yo quería invitarte a salir. Por eso le pedí información a Stefan – admitió avergonzado.

-Entonces te llamo para que te apuraras en invitarme ¡Maldito Stefan! No jugó limpio, por eso anoche quería saber con quién iría al baile.

-¿Estas enojada?

-No, la verdad no pero esta situación me parece estúpida ¿Por qué no solo me invitaste y ya?

-Ayer iba a hacerlo, pero tú te enojaste por lo que yo hice y pues después no tenia como decírtelo.

-Pues nada de eso hubiera pasado si tú no me hubieses besado, quizás yo te hubiese dicho que sí – dije tratando de ser burlesca, quería jugar un poco con Caleb que pagara por el beso de ayer y más aun Stefan me las pagaría.

-¿Eso quiere decir que no vendrás conmigo al baile?

Ya habíamos llegado al instituto era bastante temprano asique no habían muchos alumnos, me pare en el umbral del pasillo que me dirigía a mi clase de Calculo y lo mire fijo.

-Creo que me lo pensare. Espérame en la plazoleta hasta la salida del instituto y te daré la
respuesta – dije con una sonrisa malévola en mi rostro y me marche a mi clase.
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2 Responses
  1. Anónimo Says:

    esta super buena la historia me encanto sigue asì escribes muy bien


  2. Este capitulo estuvo muy buenoo!!!


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